Los enigmas del 11M

El 11-M y la izquierda islamófoba

Hoy es el decimotercer aniversario de la masacre del 11 de marzo. Permítanme que rescate un artículo que publiqué en su día sobre las primeras horas de las supuestas investigaciones que dieron nacimiento a la versión oficial.

Veamos CÓMO SE FABRICA UN SOSPECHOSO HABITUAL

La detención

Una de las cosas que más llama la atención en el 11-M es la extraordinaria rapidez con que nuestras fuerzas policiales lograron detener, en menos de 60 horas, a los primeros implicados en los hechos. ¡Eso se llama efectividad!

Cuando la Policía encontró, 18 horas después de la masacre, una mochila-bomba milagrosamente intacta en una comisaría de Vallecas, la máquina de la investigación oficial del 11-M se puso en marcha.

En aquella mochila-bomba había dinamita, medio kilo de metralla y, además, un teléfono y una tarjeta telefónica, utilizados para detonar el artefacto. Y, al indagar dónde se había comercializado aquella tarjeta, se comprobó que quien la había vendido era una tienda de telefonía de Lavapiés, propiedad de ese marroquí llamado Jamal Zougham, el único supuesto autor material del 11-M que está en la cárcel.

A las doce y media de la mañana del 13-M, el Comisario General de Información, Jesús de la Morena, recibió una llamada en su despacho. Era Mariano Rayón, comisario jefe de la Unidad Central de Información Exterior, para decirle que el vendedor de la tarjeta, Jamal Zougham, ya había sido investigado anteriormente por su presunta relación con radicales islámicos. Horas después, Zougham era detenido en su tienda de Lavapiés, en plena jornada de reflexión para las elecciones de 2004.

Desde entonces, Jamal Zougham está en la cárcel. La Audiencia Nacional, primero, y el Tribunal Supremo, después, le han condenado a más de 40.000 años de prisión, considerándole autor material de los atentados del 11-M. Aunque, curiosamente, al final no fue condenado por la razón por la que fue inicialmente detenido, es decir, por vender ninguna tarjeta telefónica (porque eso no es un delito), sino porque muchas semanas después de su detención aparecieron dos testigos enormemente cuestionables que decían haberle visto en los trenes de la muerte.

Sospechoso habitual

Así pues, la extraordinaria rapidez de esas primeras detenciones del 13-M se debió, según la propia historia oficial, a que el nombre de Zougham ya era "conocido" de la Policía.

¿Y de qué era conocido ese nombre? Así es como el propio comisario Mariano Rayón se lo explicaba al fiscal Javier Zaragoza en el juicio del 11-M:

Para nosotros era una persona importante, porque ya nos había aparecido en el contexto de una comisión rogatoria de las autoridades judiciales francesas, creo que era en relación con un personaje llamado David Courtailler, francés, detenido por temas de terrorismo.

El asunto está, como se ve, bastante claro: si se pudo detener tan rápidamente a Zougham era porque ya estaba, desde unos años antes del 11-M, en la lista de "sospechosos habituales", a raíz de una comisión rogatoria enviada desde Francia.

Esa es la historia que desde el principio nos han contado, y que justifica esa "puntería" que las fuerzas policiales tuvieron a la hora de efectuar las primeras detenciones en un tiempo récord.

Lo que pasa es que las historias, a veces, no son lo que parecen.

La comisión rogatoria

¿Cómo fue, exactamente, ese episodio de la comisión rogatoria que hizo que Jamal Zougham ingresara en la lista de "sospechosos habituales" de terrorismo islámico?

Efectivamente, el 13 de marzo de 2000 (es decir, al día siguiente de la victoria de Aznar por mayoría absoluta), el comisario de la UCIE, Mariano Rayón, remitió a la Audiencia Nacional la traducción de una comisión rogatoria enviada por el juez Jean Louis Bruguiere desde Francia. En esa comisión rogatoria francesa se afirmaba que en la agenda del presunto terrorista David Courtailler se habían encontrado algunos números telefónicos españoles y, entre ellos, el 913974002, "suscrito a nombre de Aicha ACHAB [la madre de Zougham], domiciliada en la C/ Sequillo de Madrid. Según las declaraciones de COURTAILLER, este número le habría permitido contactar a un tal Djamal, a quien habría conocido en la mezquita de Madrid" (ver Documento 1).

Con esto, parece que está clara la respuesta a nuestra pregunta inicial: Jamal Zougham entró en el circuito de los sospechosos habituales de terrorismo porque en la agenda del terrorista francés David Courtailler apareció en el año 2000 el teléfono de su casa, ¿verdad?

Eso es lo que parece. Pero, como decíamos antes, las apariencias a veces engañan. Fíjense bien en el teléfono que hemos mencionado, 913974002, porque (como vamos a ver) cada uno de los dígitos que lo componen tiene una gran importancia.

Primera mutación del teléfono

Lo que los franceses querían pedir, en relación con Jamal Zougham y su madre, era que se les tomara declaración como testigos, que se obtuviera de la compañía telefónica el listado de llamadas de su teléfono y que se registrara su domicilio.

Sin embargo, al detallar las solicitudes, lo que los franceses pidieron realmente fue que se consiguieran los listados de llamadas del teléfono... 913974802, en lugar del que habían indicado al principio (ver Documento 2). Entre una y otra mención del teléfono, cambiaba un dígito:

913974002 -> 913974802 (cambia un 0 por un 8)

Como vemos, la cosa empieza a complicarse, porque ahora nos surge una duda: ¿cuál era el teléfono que se encontró en la agenda del terrorista francés David Courtailler? ¿El 913974002 o el 913974802? Porque, evidentemente, las consecuencias para Zougham y su madre eran completamente distintas, según que hubiera aparecido un teléfono u otro.

Segunda mutación del teléfono

El 20 de marzo de 2000, el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno, que era a quien le había correspondido el asunto por reparto, envió un oficio a la compañía telefónica para obtener los listados de llamadas del teléfono de la madre de Jamal Zougham.

Pero, en lugar de solicitar los listados del 913974802 (que era exactamente lo que los franceses habían pedido), lo que el juez Moreno solicitó fue que le mandaran el listado de llamadas del teléfono... 613974802 (ver Documento 3):

¡Se habían equivocado al transcribir el número! En el auto judicial, lo que en un principio era un teléfono fijo (ya que empezaba por 9), se había transformado en un móvil (que empezaba por 6):

913974802 -> 613974802 (cambia el 9 por un 6)

Evidentemente, se trataba de un simple error de transcripción, que tenía fácil solución, como a continuación veremos, pero que introdujo un cierto retardo en el proceso.

Tercera mutación del teléfono

El 4 de octubre de 2000 (es decir, más de seis meses después), Telefónica Móviles comunicaba al juez que el número 613974802 no existía (ver Documento 4).

Trece días después, el 13 de octubre, el juez envió un nuevo oficio a la compañía telefónica, esta vez referido al número correcto (ver Documento 5).

613974802 -> 913974802 (se deshace el error de transcripción anterior)

Cuarta mutación del teléfono

En esta ocasión, Telefónica se dio más prisa en responder. El 19 de octubre de 2000 le enviaba la contestación al juez Moreno. Pero, sorprendentemente, lo que había resultado al realizar las correspondientes indagaciones es que el teléfono en cuestión no pertenecía a la madre de Zougham, sino... a la Universidad Autónoma de Madrid (ver Documento 6).

¡Pero entonces, era falso que ese teléfono 913974802 fuera de la madre de Zougham! ¿De dónde se habían sacado los franceses que el teléfono en cuestión le pertenecía a esa mujer?

¿O es que el número verdadero que apareció en la agenda del terrorista Courtailler era el que habían indicado los franceses al principio, el 913974002, y no el 913974802?

Desde el punto de vista jurídico, este episodio hubiera debido dejar sin efecto las solicitudes de los franceses en relación a Zougham y su madre, por lo menos hasta que se aclarara el lío de los teléfonos. Puesto que la solicitud de registrar el domicilio de Zougham y de tomarle declaración a él y a su madre se basaba en que en la agenda de un terrorista había aparecido el teléfono de la madre, ahora que Telefónica había dicho que ese teléfono no era en realidad de la madre, no había ningún motivo para continuar adelante con más indagaciones.

Sin embargo, después de diversas peripecias jurídicas, la Policía procedió, el 11 de junio de 2001, a registrar con autorización judicial el domicilio de Zougham y de su madre en la C/ Sequillo de Madrid.

Y al día siguiente, 12 de junio, en presencia del juez francés Jean Louis Brouguiere, se tomaba declaración como testigos, en la Audiencia Nacional, a Aicha Achab y a su hijo Jamal Zougham.

Y aquí viene lo mejor de todo.

Al tomarle declaración a la madre de Zougham, el juez español le preguntó, en presencia del juez francés, que desde cuándo era propietaria del número de teléfono 913974802.

Y, entonces, la madre de Zougham respondió que ese teléfono no era suyo (lógico, dado que el teléfono pertenecía a la Universidad Autónoma de Madrid) y que su teléfono era... ¡el 913774802!

¡O sea, que el teléfono del domicilio de Zougham no coincidía con ninguno de los que las autoridades francesas y españolas habían estado barajando (ver Documento 7)!

913974802 -> 913774802 (cambia un 9 por un 7)

Así pues, era mentira desde el principio que en la agenda del terrorista Courtailler hubiera aparecido el teléfono del domicilio de Zougham. Lo que había aparecido era un número telefónico que correspondía (como ya hemos visto) a la Universidad Autónoma de Madrid.

Es decir, que a Jamal Zougham se le introduce en el circuito de "sospechosos habituales" de terrorismo islámico porque en la agenda de un terrorista detenido en Francia se encontró un teléfono que simplemente se parecía al del domicilio de Zougham, pero que difería en un dígito de él.

Finalmente, el 14 de septiembre de 2001 (tres días después del atentado de Al Qaeda en Nueva York), se cerraron repentinamente las diligencias abiertas con motivo de la comisión rogatoria contra Zougham enviada desde Francia, sin que en ningún momento se detuviera a Zougham, ni a su madre, y sin que en ningún momento llegara a formularse ningún tipo de acusación contra ellos.

Todo se había debido a un error.

¿Saben ustedes qué es lo más curioso? Pues que el 20 de junio de 2001, ocho días después de su declaración ante el juez de la Audiencia Nacional y su colega francés, se le concedía a Jamal Zougham el permiso permanente de residencia en España. Lo tenía solicitado desde el 19 de octubre de 1999, pero se le concedió justo después de celebrarse la comparecencia motivada por la comisión rogatoria francesa. Supongo que si hubiera existido la más mínima duda sobre la peligrosidad de Zougham, ese permiso no habría sido concedido.

Errores que nunca se deshacen

Sin embargo, a partir de aquel momento, Zougham (que carecía de antecedentes penales y a quien se había metido en la historia a partir de un teléfono que no era suyo) quedaría ya marcado para siempre como sospechoso habitual de terrorismo islámico, lo que terminaría conduciendo a su detención en plena jornada de reflexión de las elecciones de 2004, como presunto responsable de los atentados del 11-M.

Ni siquiera podría ya librarse nunca de esas acusaciones que le vinculaban (falsamente) a David Courtailler. Hagan ustedes la prueba de buscar en Internet (por ejemplo con Google) los nombres de Zougham y Courtailler. Verán que aparecen cientos de páginas de noticias donde se da por "probada" esa falsa relación entre los dos personajes.

Aunque no es necesario acudir a Internet para verificar el largo recorrido que tienen las mentiras y los errores. Como hemos visto al principio, el propio comisario Mariano Rayón volvió a repetir en el juicio del 11-M la cantinela de la (falsa) relación entre Zougham y Courtailler, a pesar de que él debía conocer, mejor que nadie, que aquel episodio de la comisión rogatoria francesa cumplimentada unos años atrás no había sido sino un auténtico fiasco.

Un error tan providencial

Volvamos a plantearnos la pregunta que nos hacíamos al principio: ¿cómo pudo la Policía detener en un tiempo récord de 60 horas a los primeros implicados en el 11-M?

Y resulta que la respuesta es: porque la tarjeta de la mochila de Vallecas había sido comercializada por alguien a quien se había metido en la lista de "sospechosos habituales" cuatro años antes del 11-M gracias a un error judicial. Error que no sabemos si responde a la mera casualidad o si deriva de un intento chapucero de "marcar" a Zougham desde el principio.

O sea, que si no hubiera sido por ese error judicial cometido 4 años antes del 11-M, no habríamos podido detener a nadie durante la jornada de reflexión de las elecciones de 2004.

Qué error tan providencial, ¿verdad?

La izquierda islamófoba

Resumamos entonces: tras el 11-M, se produce una masiva destrucción de pruebas, achatarrándose los escenarios de los crímenes y haciendo aparecer, en su lugar, una mochila-bomba en una comisaría de policía, 18 horas después de la masacre.

De esa mochila sabemos que no es como las bombas que detonaron en los trenes (porque la mochila de Vallecas tenía metralla y las bombas de los trenes no). Sin embargo, tirando del hilo de una tarjeta telefónica encontrada en esa prueba falsa, se detiene casi enseguida a un marroquí a quien se introdujo cuatro años antes en el circuito de sospechosos habituales por un extrañísimo error judicial.

Si esto hubiera pasado con cualquier otro caso, la izquierda española estaría denunciando la islamofobia de los jueces y de la policía españoles, porque está claro que a Zougham se le detiene por el único motivo de que hacía falta detener a un moro.

Sin embargo, como estamos hablando del 11-M, la izquierda española calla e incluso intenta desacreditar a quienes denuncian el escándalo de que las investigaciones sobre la mayor masacre terrorista de nuestro país se basen en una prueba manifiestamente falsa y en una detención absolutamente arbitraria.

Así que permitidme que os de una mala noticia, chicos: lo queráis o no, sois islamófobos. Porque quien consiente por razones políticas o de estado la detención arbitraria de un musulmán contribuye, le guste o no le guste, a alimentar la islamofobia.

La próxima vez que os miréis al espejo, deciros: "Si la gente piensa que el Islam es terrorismo es, entre otras razones, porque yo he consentido que a un moro se le enmarrone en el 11-M por el simple hecho de ser moro".

Hala, salud.

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