El penúltimo raulista vivo

Una pregunta vergonzante

Desde que tengo memoria, el periodismo deportivo español mantiene con el Real Madrid una relación un tanto esquizoide. Quiero decir que debería amarlo y, sin embargo, lo odia. Lo odia tanto y con tanta profesionalidad como para que el exdirector de uno de los cuatro grandes diarios deportivos de este país llegara a decir en su día, y tras la consecución de la novena Copa de Europa, que aquella había sido una victoria vergonzante. Está claro que Alfredo Relaño, que es el nombre y el primer apellido del exdirector referido, le estaba pegando patadas a Florentino Pérez, que era su némesis, en el culo del club de fútbol más laureado del mundo y que, por esas cosas que tiene la vida, es de nacionalidad española. Que conste que entiendo la sana crítica razonada y razonable. Yo mismo, que soy madridista, la he ejercido y la seguiré ejerciendo hacia, que no contra, el club de mis amores. Pero una cosa es eso y otra bien distinta es decir que un club (y por extensión todos sus socios y aficionados) debe avergonzarse por haber conseguido un hito en la historia del deporte. Es como si por ejemplo en el pequeño pueblecito de Lexington, en Kentucky, se avergonzaran de que allí hubiera nacido George Clooney, colocando a sus habitantes mal que les pese en el centro del mapa mundial, y éstos renegaran del actor y de su familia. Sería perverso, ¿no?

Hace algunos siglos España fue un imperio y lo dominaba todo. Teníamos a Isabel y a Fernando, teníamos a Cortés y a Colón, a Cisneros, a Alfonso X El Sabio, a Rodrigo Díaz de Vivar, teníamos al Gran Capitán... Hoy, y salvo honrosísimas excepciones, entre las que se contaba por ejemplo el profesor Antonio Escohotado, recientemente fallecido, sólo somos capaces de exportar vulgaridad y ramplonería. Con sus trece Copas de Europa, el Real Madrid escapa milagrosamente de la mediocridad, es un rayo de luz entre tanta nube negra y, sin embargo, parece estar abocado a tener que pasar todos los días un examen de rectitud y buenas costumbres en el que los examinadores no pasarían como mucho del 3. España es hoy un país de servicios y como aún no hemos podido cargarnos el sol, nuestras playas y la dieta mediterránea (aunque el ministro Gañán está en ello) le tiramos a lo que tenemos más a mano, por ejemplo el Real Madrid.

El sábado, en la asamblea de socios del club blanco, Florentino Pérez habló a calzón quitado de las transmisiones de televisión. Es un sentimiento generalizado entre los aficionados merengues el que su equipo, que es el que más aficionados tiene en España y también repartidos por todo el mundo, recibe un tratamiento peor, discriminatorio con respecto a los otros. El penúltimo episodio se produjo con Vinicius (por cierto, creo que el maestro de periodistas Maldini aún no ha pedido perdón por aquella manipulación) y el último se produjo ayer por la tarde. El Real Madrid acababa de ganar al Granada por 1-4 y pudieron ser más, pudieron ser fácilmente 7 u 8. Todo el equipo blanco rayó a un nivel espectacular, destacando sobre el resto las actuaciones de Kroos, Modric y Vinicius, que está en estado de gracia. Al contrario de lo que había sucedido en el Barcelona-Español, y que aún hoy tiene a los periquitos al borde de un ataque de nervios, el árbitro había pasado desapercibido porque la superioridad fue manifiesta y el aluvión de goles, de ocasiones y de fútbol también. En una de sus características galopadas, que ya empiezan a parecerse bastante a las de Neymar o Mbappé y que tienen aroma a Garrincha o Gento, y con el partido resuelto a favor de los visitantes, Vinicius le hizo un sombrero al primer jugador rival que le salió al paso, se fue de otro con suficiencia y, cuando ya había roto al tercero, éste le hizo un entradón sin posibilidad de jugar el balón: roja directa clarísima a Monchu y, debido a sus protestas, Robert Moreno también a la calle. Pues bien, al final del encuentro, la periodista le preguntó a Germán si ellos tenían la sensación de que el árbitro había beneficiado al Real Madrid.

Esa pregunta estaba totalmente desconectada de la realidad de lo que acababa de suceder sobre el terreno de juego, no representaba nada de lo que había sucedido en Granada. El árbitro había sido un espectador más del partidazo blanco y, desesperado, Monchu fue a cazar a Vinicius, a quien por cierto tuvo que retirar Ancelotti para evitar males mayores. Como en el caso del vídeo de Vinicius, en el que al final daba toda la impresión de que era el futbolista del Madrid quien debía pedir perdón al espectador que acababa de llamarle macaco, yo me pregunto: ¿Por qué? ¿Por qué se humilla así al Real Madrid? ¿Por qué se ofende gratuitamente a todos los madridistas? ¿Quién y por qué ordena que esto sea así? ¿Y cuánto tiempo más va a durar? ¿Es una prueba de resistencia o algo así? ¿Hay una cámara oculta observando nuestras reacciones? Y por cierto, y hablando de los incidentes racistas del Camp Nou. La Liga denunció lo sucedido el pasado 27 de octubre, ¿alguien sabe algo? Lo digo, más que nada, porque la imagen del agresor aparecía nítidamente captada por las cámaras de televisión. Veinticinco días han pasado y nada. En el caso del insulto cierto a Vinicius, silencio administrativo; en el caso falso del insulto a Diakhaby, a los pocos días ya habían un informe por ahí circulando. Negros de primera y negros de segunda. Y, en las transmisiones, clubes de primera y luego el Real Madrid, que sólo es capaz de reunir ocho Copas de Europa más que los otros cuarenta y un asociados de la Liga.

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