El penúltimo raulista vivo

Tiki-taki para todos

Koeman, que es holandés, probablemente desconozca ese famoso refrán español que dice "para el tiempo que me queda en el convento, me cago dentro". Pero, aún sin conocerlo, lo que, sabiéndose amortizado, lleva haciendo desde hace un tiempo Ronald es un ejercicio práctico de lo que supone ciscarse en una institución de la que se sabe con los dos pies fuera. O sea, Koeman, y perdón por la escatológica expresión, lleva cagándose dentro del Fútbol Club Barcelona desde que Joan Laporta le humillara reconociéndole que si seguía al frente del banquillo era únicamente por un doble motivo, siendo el principal sin duda el económico y, dependiente de este, el de no encontrarle un sustituto. Con dinero, el entrenador del Barça ya estaría con las vaques de Setién; sin dinero, a Laporta no le quedó otra que aguantarle hasta saber si sonaba la flauta, que, como la de Bartolo, sin Messi en el equipo ya tiene un aguero solo. Así que, y a la espera de que le confirmen la destitución y entre tanto se acuerda el finiquito, Koeman hace eso, cagarse dentro.

Consciente o inconscientemente (yo creo que esto último porque, aunque no le conozco, no creo que Koeman sea poseedor de tan fino sentido del humor) el tiki-taki se ha convertido desde ayer por la noche en la bandera de quienes desprecian profundamente al original, el famoso tiki-taka. Por no poder, el actual Fútbol Club Barcelona no puede ni tan siquiera jugar al tiki-taki, la versión koemaniana del estilo que llevó al club catalán hasta la cima del fútbol mundial. Koeman se sabe más fuera que dentro y no tanto por el fútbol que practica su equipo, que sin Agüero, Dembelé, Ansu Fati o Pedri probablemente no podría mejorar ahora mismo ni el mismísimo Guardiola o incluso el propio Cruyff, sino porque ya se encargan de recodárselo a diario en Barça Televisión y en cada una de las ruedas de prensa a las que asiste. En realidad, Ronald está siendo víctima de una gran engañifa, la del estilo.

Durante el último cuarto de siglo el barcelonismo intelectual ha repetido machaconamente eso de que el Barcelona era el apostol del buen fútbol, que ese buen fútbol era el resultado de que todos y cada uno de los equipos del club jugaran a lo mismo y con el mismo estilo y que, de tanto repetirlo, los futbolistas acababan generando un ADN particular que les convertía en diferentes al resto. Es mentira, claro, siempre lo fue. Con tiki-taka o con tiki-taki, incluso en el Barcelona de los mejores Iniesta, Puyol, Xavi, Valdés y Piqué, el equipo resolvía multitud de partidos con Messi jugándose la última bala. Cuando García Pimienta, el ex entrenador del Barcelona B, dice en la Ser que los jugadores no están acsotumbrados a hacer lo que hicieron ante el Bayern o ayer ante el Granada, Javier está pensando en aquellos futbolistas a los que antes mencionaba y no en los actuales. Koeman tiene razón cuando dice que, con lo que hay, el tiki-taki es imposible, no digamos ya el tiki-taka. Es posible que el Barça pueda jugar mejor, también lo puede hacer peor, lo que es improbable es que reverdezca viejos laureles con Luuk De Jong, Mingueza, Balde, Demir y los peores Piqué y Busquets.

Koeman tiene responsabilidad pero no toda la culpa es suya. Es posible, por no decir que absolutamente seguro, que la plantilla también dé por amortizado al entrenador y eso es así porque el presidente y su entorno no paran de darle por finiquitado. El vestuario huele a muerto deportivo y probablemente no vaya a dejarse la vida por un entrenador que saben fuera, y el entrenador, que se sabe fuera, no para en el fondo de desprestigiar a su propia plantilla porque, siendo justificable que él crea que este equipo no tiene la calidad del de hace 8 años, no parece demasiado razonable que lo diga en público. Si Koeman hace eso, si Koeman no para de repetir que con lo que tiene no puede hacer más, es porque ya no piensa en el Barcelona sino en él mismo y se está justificando. O sea, Koeman, que ya se ve buscando empleo, no quiere que en su carta de presentación diga que él fue quien hizo jugar mal al Barcelona. La verdad es que Koeman ve a Ter Stegen, Jordi Alba o Araújo como sus ex futbolistas.

El otro día decía aquí mismo que Laporta no tenían un plan y quizás fuera un pelín injusto con él: el Fútbol Club Barcelona no tiene un plan. No tiene plan el presidente, no tiene plan el entrenador y no tienen plan los jugadores. Durante muchos años, puede que demasiados, el único plan fue dársela a Messi para que resolviera, pero Messi ya no está y, por lo visto el otro día, tampoco da la impresión de que él mismo tenga tampoco un plan demasiado claro en el PSG de Pochettino. Laporta piensa en él, Koeman en Koeman y los futbolistas piensan en ellos mismos, y Bartomeu, que ya no está, pensó también en él cuando, pudiendo haber sacado 100 millones de euros por el mejor jugador histórico del club, prefirió conservarlo para no tener que pasar a la historia como el presidente que dejó escapar al gran Lionel. Y hoy, sin él y sin el dinero que pudo haber dejado en caja, la grada le exige al pobre Koeman que juegue al tiki-taka cuando ni siquiera puede hacerlo al tiki-taki. Hoy leía un tuit muy ingenioso de alguien que, a propósito del famoso refrán, decía que debía continuar así: "Y hasta que me muera, mierda al convento desde fuera". Y lo veremos. Cuando Koeman haya ingresado, y transcurrido un tiempo prudencial, largará como lo hizo Setién y como, por ejemplo, no lo ha hecho aún Ernesto Valverde. Comparada con la del Barça, la travesía por el desierto de Moisés acabará pareciendo un juego de niños. Tiki-taki para todos, paga el Barça.

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