El penúltimo raulista vivo

Simeone y las cincuenta formas distintas que los esquimales tienen de llamarle nieve a la nieve

Dicen que los esquimales tienen hasta cincuenta formas distintas para decir nieve. Aput es nieve sobre el suelo; gana es nieve cayendo; a la nieve a la deriva la llaman piqsirpoq y quimuqsuq a la nieve arrastrada por el viento. Y así, como digo, hasta cincuenta palabras diferentes para llamarle con matices nieve a la nieve. Si no es cierto, es en cualquiera de los casos un mito precioso, muy romántico la verdad. Sin embargo para lo que le pasó anoche al Atleti en la Champions sólo hay una palabra en español, que es menos diplomático que el esquimal, y esa palabra es "fracaso". Lo de ayer fue un fracaso. Ya está. Sin rodeos. Un fracaso con todas las letras. Caer en los octavos de final para un equipo que ha presupuestado 400 millones de euros, que tiene sentado en el banquillo al entrenador mejor pagado del mundo y a un futbolista, Joao Félix, que costó la friolera de 126 millones, es un soberano y morrocotudo fracaso. Como a los esquimales les sucede con la palabra nieve, los perioatléticos podrán adornar el fracaso con un saco repleto de eufemismos.

Un eufemismo consiste en decir de un modo bello (del griego "eu", bueno, y "pheme", "hablar") lo que dicho por su verdadero nombre resultaría doblemente doloroso. Platón decía que quien conoce los nombres conoce las cosas, de modo que si al fracaso total y absoluto lo llamas mala suerte o falta de intensidad, o sea si al fracaso le pones paños calientes, nunca sabrás en realidad que has fracasado o cual es la diferencia existente entre el fracaso y el éxito y, por lo tanto, no podrás ponerle remedio a tu fracaso. Todo vale para justificar al Atleti, todo. Ayer, incluso, oí a un experto en fútbol internacional diciendo que al fin y al cabo la eliminatoria se había decantado del lado del Chelsea por dos transiciones aisladas, o sea dos contragolpes. Claro, Arquímedes, claro, el Chelsea estará mañana en el bombo de los cuartos de final por dos transiciones aisladas que casualmente acabaron ambas en gol en el partido de vuelta y por un golazo de chilena de Giroud en el partido de ida. ¿Sabes cómo se le llama a eso? Pues aquí no tenemos cincuenta palabras para definirlo sino sólo una; a eso se le llama fútbol. El Chelsea marcó 3 goles y el Atlético de Madrid ninguno, entre otras cosas porque miró más bien poco hacia la portería contraria. A eso se le llama fútbol. Y también fracaso.

Es posible que, eufemismo a eufemismo, caramelo a caramelo, algodón de azúcar a algodón de azúcar, lavado de pies a lavado de pies y, por supuesto, partido a partido, Diego Pablo Simeone haya llegado hasta el punto de desconocer absolutamente qué supone fracasar en el fútbol profesional de élite. Lo digo más que nada porque, preguntado al acabar el partido contra el Chelsea por cómo se encontraba, el Cholo dijo estar "muy bien". Y yo me pregunto, ¿cómo puede estar muy bien el entrenador mejor pagado del mundo de un equipo profesional que tiene un presupuesto de 400 millones y un futbolista de 125 después de haber sido eliminado en octavos de final por un resultado global de 3-0 y tras haberse clasificado como segundo en la fase de Grupos? Me parece que esta me la sé: Simeone está muy bien por los eufemismos, porque en ese club nunca se habla de fracaso, porque nadie le ha explicado que él no cobra lo que cobra para quedar detrás de Real Madrid y Barcelona sino para quedar por delante. Simeone está muy bien porque sabe que Gil y Cerezo, Cerezo y Gil, no le van a examinar ni a pedir responsabilidades.

Simeone está muy bien por algo que dijo ayer en su artículo del As Javi Matallanas, porque en el consejo de administración del Club Atlético de Madrid Sociedad Anónima Deportiva consideran que un buen año es aquel que acaba con el equipo tercero o cuarto en Liga y clasificado para la Champions. Con esa mentalidad pequeña es imposible que el Atleti vuelva a protagonizar grandes gestas e improbable que su técnico sepa la diferencia que existe entre estar futbolísticamente bien o estar absolutamente hundido en la miseria. Todos los atléticos de a pie que yo conozco no estaban ayer bien, estaban hundidos. Y estaban hundidos porque creen, como yo creo por cierto, aunque eso sea lo menos importante, que la distancia existente entre el Chelsea y el Atlético de Madrid no es tan grande como la que se ha visto en estos 180 minutos de eliminatoria.

El eufemismo condena al Atleti a seguir braceando en un mar de confusión y de mediocridad. Si a un entrenador del Real Madrid, a cualquiera, se le ocurriera decir después de un 2-0 en contra en la Copa de Europa que él estaba muy bien, al día siguiente estaba muy bien colocado pero en la lista del paro. Claro que el Real Madrid sería, en esto de los eufemismos, justo el extremo contrario. En el Real Madrid al fracaso se le llama fracaso pero a ganar una Champions se le llama suerte. Simeone llegó al Atlético de Madrid el año que Antena 3 estrenó El secreto de Puente Viejo. Por la serie pasaron doña Francisca, don Raimundo Ulloa, doña Emilia, don Mauricio Godoy, don Matías Castañeda, doña Marcela del Molino, doña Dolores Asenjo de Comino, don Tiburcio, don Hipólito Mirañar, don Onésimo Fernández, la marquesa de los Visos, don Ignacio Solozábal, Alicia Urrutia, Iñigo Maqueda, el capitán Eugenio Huertas Ramírez... todos muertos o heridos en la ficción. El único que sobrevive es don Diego Pablo Simeone, el único y verdadero propietario del secreto consistente en no ganar nada sin que además nadie te pida nunca responsabilidades por ello. Bien visto, yo en su lugar también me encontraría muy bien. Por lo tanto enhorabuena, Cholo, por la eliminación, muchas felicidades. Y a seguir en esa línea.

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