El penúltimo raulista vivo

Si el miércoles pierde el Madrid... dimite Zizou, dimite

Si a Zidane se le borra la sonrisa, si Zidane se aja con cada pregunta que le hacen, si Zidane cree que hay una conspiración mundial en su contra... ¿qué nos queda al final de Zinedine Zidane? Quiero decir que si, incluso cuando pintaban oros, decíamos de Zidane que no era una lumbrera táctica, que no se conocía de él que hubiera resuelto jamás un partido desde el banquillo pero que, a cambio, era un entrenador ideal para un equipo como el Real Madrid, que siempre está en crisis, porque parecía ajeno a las críticas, porque sabía conectar con los futbolistas, porque siempre contestaba con educación y, sobre todo, con una sonrisa, pero ahora esa sonrisa se le ha borrado a Zidane de la cara, ¿qué nos queda al final de aquel Zinedine Zidane?

Ayer escuché en El Chiringuito el término &deuda moral&. Zidane tiene una deuda moral con aquellos futbolistas que le ayudaron a ganar tres Copas de Europa seguidas y aún hoy, más de tres años después de La Decimotercera, sigue pagándola. La paga, claro, con quien a él le interesa, por supuesto, como todos. Sus alas protectoras son de cóndor de los Andes para unos y de colibrí zunzuncito para otros. A Gareth Bale, por ejemplo, le tocó el colibrí, y eso que hay pocos futbolistas en esa plantilla que colaboraran tanto y tan estrechamente como el galés a la hora de conquistar las tres Champions seguidas e, incluso, La Décima de Lisboa. Recuerdo que el de deuda moral fue un término que ya se empleó en su día cuando, para homenajear a los campeones del mundo de 2010, Del Bosque confeccionó una lista estrambótica en el Mundial de 2014.

Pero un equipo del nivel del Real Madrid tiene que estar en renovación constante, no hay deudas morales que valgan. En mayo de 2018, y con todas las señales que había enviado Cristiano y la información que, a buen seguro, obraba en poder de Zidane, el Real Madrid tendría que haber trabajado en su reconstrucción pensando en 2020, pero no... había contraída al parecer una impagable e inacabable deuda moral. Una deuda moral del Real Madrid con sus jugadores y no al revés porque, por ejemplo, Cristiano se marchó sin mirar atrás y, ahora, parece que el que quiere irse es Isco. Una deuda moral del club con su entrenador al que repescó después de que pegara un portazo de un modo que nadie esperaba. Esto de las deudas morales no funciona con profesionales que cobran millones de euros y, en cualquiera de los casos, debería ser al revés: es Isco el que tiene una deuda moral con el Madrid, era Cristiano quien tenía una deuda moral con el mejor club del siglo XX según la FIFA.

Ahora que José Mourinho tiene líder al Tottenham en la Premier se han vuelto muchas miradas hacia él, pero la afición que le reclama vía Twitter le dejó más solo que la una en 2013. A Mourinho le llamaban, y aún le llaman, despectivamente el semifinalista. Y es cierto que con él en el banquillo el Madrid no pasó de semifinales de la Champions, mucho menos ganó tres Copas de Europa seguidas, pero Mou no tenía deudas morales sino contractuales. El problema de Mourinho fue que quiso cambiar demasiadas cosas en muy poco tiempo y no pudo y no le dejaron. El Real Madrid es un club de fútbol muy viejo y con muchos triunfos a sus espaldas y hubo cosas que la gente no entendió. Quienes hoy reclaman, sabiendo que es imposible, la presencia de Mourinho lo hacen pensando en que su equipo es líder circunstancial de la Liga inglesa y no en el cambio trascendental que dejará tras de sí en el Tottenham cuando se vaya: cogió un club y dejará otro mejor.

Hoy, ahora, el Real Madrid es cuarto en la Liga y pasado mañana se juega la vida ante el Inter en Milán. Repito: cuartos en la Liga y sufriendo para clasificarse para los octavos de final de la Champions. Y ese no es el nivel, no señor, no lo es. Pero, según parece, el madridismo ha adquirido también con Zidane la misma suerte de deuda moral que él contrajo con algunos de sus futbolistas y que nos obliga a hablar siempre del pasado, de lo que se ganó, de cómo se jugó, de lo bien que lo pasamos. Deudas, calidad y filias y fobias al margen, el Real Madrid tiene un problema, uno serio, uno de planificación. Y cuanto antes se coloque el madridismo delante del espejo, antes estará en condiciones de solucionarlo. Por supuesto que nosotros haremos nuestro trabajo, Zizou, que consiste en resaltar lo bueno que has hecho, que ha sido mucho, y lo malo que estás haciendo.

Tu ilusión estará intacta, tampoco sabemos por cuánto tiempo más, pero tu sonrisa se esfumó. Incluso a ti, que estás por encima del bien y del mal y que te resbala tanto todo como para dejarle a tu amigo Florentino una bomba de neutrones en su despacho, empieza a agobiarte un poco tanta púrpura. Puede que el club esté esperando un gesto por tu parte, un detalle, un guiño. Sabes que el presidente no te echará porque, al parecer, él también adquirió una deuda moral contigo. Si el Real Madrid cae el miércoles en Milán, si pierde ante el Inter, hazlo fácil y presenta tu dimisión y que otro, sin deudas de ningún tipo, planifique la próxima temporada. Y así, de repente, volverá aquel Zidane que tanto quisimos y respetamos.

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