El penúltimo raulista vivo

Póngame un poquito del fuego interno de Mirotic, sisplau

Cuando hablo de Culelandia no es porque sí. El otro día, a través del perfil oficial de Twitter del equipo catalán, los seguidores eligieron el mejor partido de la historia del club catalán y, ¿cuál creéis que eligieron? ¿Por ejemplo el 1-0 de Wembley ante la Sampdoria que supuso su primera Copa de Europa? ¿O la manita del equipo de Guardiola al primer Real Madrid de Mourinho? No, no, qué va: los aficionados culés eligieron el 6-1 ante el Paris Saint Germain en 2017. O sea, los aficionados del Barcelona eligieron un partido que fue denunciado ante la UEFA por el equipo rival, en el que Deniz Aytekin se comió un penalti de Mascherano, no expulsó a Llorard Piqué tras un entradón sobre Cavani, se sacó de la manga un penalti de Meunier, le perdonó la expulsión a Neymar y no pitó otro clarísimo penalti de Mascherano sobre Di María cuando el argentino, solo, encaraba la portería rival. Así que el partido del que cualquier afición se avergonzaría, el partido que cualquier seguidor trataría de borrar de su historia reciente, es elegido por la mayoría de aficionados azulgrana como el mejor de su historia. Claro, ahora, cuando acierta el VAR, se quejan y montan en cólera porque a lo que están acostumbrados ellos (y de lo que se jactan y sacan pecho además) es a que les beneficien.

Hoy mismo, sin ir más lejos, Nasser Al-Khelaifi ha sido increpado a su llegada a Barcelona con gritos de "¡Deja a Messi, ladrón!" O sea, a ver si lo entiendo, aficionados del equipo que negoció con Verratti y con Rabiot, que reconoció estar negociando con Griezmann, que envió hasta tres comitivas distintas a París a por Neymar, que le quitó a Braithwaite al Leganés y cuyo actual entrenador se llenó la boca hablando de Depay, acusando a Al-Khelaifi de ladrón. Si el PSG se acaba llevando a Messi, que suele tener arrancada de caballo y parada de burro, será porque el argentino quiera irse, materializándose así su voluntad firmemente expresada a través de un burofax del pasado 25 de agosto. Si el jugador no quiere irse, y por mucho dinero que le pongan encima de la mesa, no se irá. O sea, Culelandia total.

El otro día un amigo tuitero me hacía llegar una portada del diario Sport en la que aparecía Nikola Mirotic diciendo algo realmente sorprendente: "Fiché por el Barça porque despertó mi fuego interno". "Mi fuego interno" ni más ni menos. Bueno, Niko, eso no es del todo cierto. Tú fichaste por el Barcelona porque cuando decidiste dejar la NBA yéndote de Milwaukee te pusiste en contacto con el Real Madrid para ver si existía alguna posibilidad de recalar en tu ex equipo, el que te formó como jugador de baloncesto y al que prometiste fidelidad eterna, en el Madrid te preguntaron cuánto pedías y cuando se lo dijiste te respondieron que ellos no podían ni acercarse siquiera a esas cantidades astronómicas de dinero. Y entonces, Nicola Mirotic Stajovic, tu representante se puso en contacto con el Barcelona de los 1.200 millones de euros de déficit y ellos te dijeron que sí. El fuego interno al que te refieres, querido, es al que provocan en tu cuerpo los 5 millones de euros netos que cobras por temporada. A un compañero tuyo de equipo, Brandon Davies, lo tenía apalabrado el Real Madrid y, cuando el chico estaba a punto de pillar un avión para Barajas, el Barcelona de los 1.200 millones de euros de déficit le despertó el mismo fuego interno que a ti y que luego avivaría a Cory Higgins, a Calathes, a Westermann o a Roland Smits. Es, por cierto, esa clase de fuego interno que llevó a Shane Larkin a bromear diciendo que el Barcelona acabaría teniendo el límite salarial de la NBA. Porque eso es lo que el club de los 1.200 millones de euros de déficit ha confeccionado para acabar con la hegemonía del Real Madrid de baloncesto, un equipo digno de la NBA.

En su biografía sobre Joseph Fouché (uno de los mayores intrigantes y traidores de la historia política universal pero que logró sobrevivir a Robespierre y a Napoleón entre otros) Stefan Zweig cuenta una anécdota deliciosa sobre el que luego sería nombrado duque de Otranto. Dice Zweig que durante todos los años que duró el Terror, Fouché asistió a la Convención a diario sin despegar los labios de la boca hasta el punto de que muchos políticos de la época le perdieron la pista y pensaron que ya no estaba allí. Cuando, al fin, uno de ellos se lo encontró, ya con Robespierre ajusticiado, le preguntó qué había hecho durante todo ese tiempo y la respuesta pasó a los anales de la historia: "J'ai vécu", dijo, "He vivido". Hoy, mientras la totalidad de clubes del mundo afrontan una crisis económica similar a la que supuso el crack del 29 del siglo pasado fruto de una pandemia, el Barcelona, como Fouché, vive, y lo hace a cuerpo de rey. Tusquets advierte que no se pase por el Camp Nou no vaya a ser que le caiga a alguien un cascote en la cabeza y tenga un problema pero, al mismo tiempo, se aviva el fuego interno de Mirotic pagándole 5 millones de euros netos por año. Como Fouché, el Fútbol Club Barcelona vive, lo que no sé es a costa de quién o de quienes lo está haciendo. ¿Usted? ¿Él? ¿Yo? ¿Todos nosotros? Todos nosotros tiene toda la pinta de ser la respuesta correcta.

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