El penúltimo raulista vivo

No la cagues, Pedri, no la cagues

Habitualmente sucede que las muestras más evidentes de rechazo suelen esconder justo todo lo contrario, una rendida admiración. Cuando ocurre en el amor es porque la otra persona no te corresponde y entonces tú, que te sientes en fuera de juego, necesitas demostrar que el asunto no va contigo, que no te importa, que estás por encima del bien y del mal. Y cuando llegas a casa, en la soledad de tu habitación, lloras de dolor. En el fútbol las coordenadas son más o menos parecidas: te dicen que no en un sitio, te vas a otro, sacas allí la cabeza, incluso triunfas, y desde el machito le gritas al mundo que lo tenías todo bien planeado, que nunca quisiste quedarte con los que te habían rechazado o incluso que sabías que te iban a rechazar y que al final, como Dios escribe con los renglones torcidos, la cosa acabó como tenía que acabar, como tú tenías previsto. Si eres realmente muy bueno y es cierto que no querías fichar por el Real Madrid, pongamos por caso, y que tu deseo era jugar en el Barcelona, no es tampoco ni medio normal que insistas en ello una y otra vez. Salvo, claro, que te falte picardía, que no tengas a tu lado gente que te aconseje bien o que estés mintiendo. Si mientes, si finges el orgasmo, se te nota. Eso se acaba notando.

A Simeone, por ejemplo, se le nota. Su sueño era fichar por el Real Madrid, jugar vistiendo la camiseta merengue, y como no pudo hacerlo se convirtió en leyenda del equipo rival de la capital. Cada vez que habla del Real Madrid lo hace con una inquina especial, con ese resquemor que esconde aquel que se sintió rechazado y aún no ha sido capaz de superarlo. Le pasa a Dani Alves; el pobre estaba esperando con las maletas en la puerta de casa a que le llamara Jorge Valdano y aquella llamada no llegó, no se produjo. ¡Y mira que lo intentó! Cada vez que Alves habla del Real Madrid lo hace con despecho. Como Luis Enrique. Cuando Luis Enrique llegó a Madrid era un chavalín de Gijón que soñaba con cortarse el pelo como Michel; luego creció tanto como futbolista que se creyó por encima del club, pidió y no le dieron y fichó por el Barcelona. Siempre pensaba lo mismo cada vez que Luis Enrique jugaba al fútbol, que no lo hacía con la camiseta culé sino con la del Antimadridistas Fútbol Club. No hay mayor muestra de desamor que esa. A Iniesta, sin embargo, no le pasó, pero porque Andrés era listo. Iniesta era del Madrid y luego el fútbol profesional le llevó por otro lado pero siempre tuvo la altura de miras suficiente como para no herir las susceptibilidades de nadie; acabó siendo del Barcelona porque, como dice el refrán, uno nace donde pace.

Supongo que a Pedri, la nueva sensación por confirmar del fútbol español, le ocurre que está en esa tierna edad en la que necesita la reafirmación exterior de todo lo bueno que le está pasando en tan poco tiempo. Y como, en el fondo, probablemente no se lo crea y ni siquiera piense tampoco que es tan genial como dicen los demás, no busca el cariño a través de su fútbol sino a través de las palabras. Y, si se me permite la escatológica expresión, entonces va y la caga. Cuando el otro día Pedro González López, conocido futbolísticamente como Pedri, la cagó refiriéndose al escudo del Real Madrid, yo puse un tuit y, después, hablé con alguien a quien respeto mucho y que le tiene un cariño especial al chico y me explicó que era todavía un crío y que la gente de su alrededor le pondría las pilas. Pero debe ser que las pilas no eran alcalinas, no eran de esas pilas que duran y duran y duran como las del conejito, porque hoy Pedri ha vuelto a la carga y, cómo no, ha vuelto a cagarla.

Sosiégate chaval, sosiégate. Serénate. Pasó que el día que te hicieron la prueba, que era voluntaria, nevó mucho en Madrid, que debido a eso no pudieron probablemente valorarte con tranquilidad, que alguien tuvo que tomar la decisión porque la Unión Deportiva Las Palmas estaba esperando, y te dejaron marchar. A veces pasa, Pedri. A veces ocurre que tienes a un crack delante y no sabes verlo. O lo ves pero no eres tú quien decide. Los grandes clubes son así. Si ese día te hubieran dicho "estás dentro" y hoy, en vez de dar el salto de Las Palmas al Barcelona hubieras triunfado en el Madrid, ¿dirías que cuando te miras el escudo sabes que algo no va bien? No hace falta que finjas, Pedri, lo que hace falta es que sientas. Y para sentirte culé no es necesario ofender al Real Madrid, créeme. Ese escudo que tú te mirabas y sacabas la conclusión de que algo no funcionaba es el escudo del club deportivo más importante del mundo. Y representa a más de 250 millones de seguidores repartidos por todo el mundo. Y algunos, Pedri, aunque no todos, resulta que además son españoles, comparten contigo nacionalidad y animarán a la selección con la que tú estás ahora mismo concentrado. Sé que tienes que aprender, sé que tienes 18 añitos pero también sé que la has cagado ya dos veces con el Real Madrid. No la cagues más, chaval. O pregunta antes de disparar. Porque, de tanto insistir, en el Barça van a acabar pensando... que sueñas con el Madrid. Yo sé que lo haces, Pedri, pero ellos aún no lo saben. Disimula. Y vive.

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