El penúltimo raulista vivo

Muriendo por encima de sus posibilidades

Un poco de historia: los Montes de Piedad, el más antiguo de los cuales se encuentra en Madrid, en concreto en la plaza de las Descalzas Reales, tuvieron su origen en las denominadas Arcas de limosna, y atendían, y aún atienden puesto que en 2014 todavía quedaban catorce abiertas por toda España, las demandas de las clases sociales más necesitadas a través de la concesión de préstamos gratuitos sin interés, garantizados con joyas o ropas, e intentando con ello suavizar los abusos de la usura. Cosa distinta al Monte de Piedad es la popular casa de empeño, que aunque funciona también a través del préstamo prendario, o sea a través de una prenda que, como en el caso del Monte de Piedad, se queda el prestamista para garantizar el pago del dinero, sí cobra intereses. En cualquiera de los casos, ya sea con el Monte de Piedad o con la casa de empeños, no conozco a nadie que, tras dejar como prenda algo de valor personal, salga brindando con champagne y dispuesto a gastárselo todo en una mariscada. Al contrario, debe ser desagradabilísimo y muy doloroso tener que pasar por el trágala de recurrir a alguien que te preste dinero a cambio de un objeto que tiene un valor personal y sentimental, espero no tener que experimentarlo jamás en mi vida.

Esto es exactamente lo que se ha visto obligado a hacer hoy el Fútbol Club Barcelona al "ceder" el 10% de sus derechos televisivos durante 25 años al fondo de inversión Sixth Street, a cambio de 207,5 millones de euros. Como dice acertadamente Victor Font, lo que está haciendo Joan Laporta no es otra cosa distinta que hipotecar al club puesto que está vendiendo (mal vendiendo, en realidad) para el próximo cuarto de siglo el 10% de unos derechos que no pertenecen a esta junta directiva y me atrevería a decir incluso que tampoco a los asambleístas que aprobaron a ciegas la operación. Laporta dejará de ser presidente dentro de tres años o dentro de ocho, o dejará de serlo en 2035, pero quien le suceda seguirá atado a lo que se ha firmado este jueves. ¿Debe hacerlo el Barcelona? ¿Su situación es tan desesperada como para tener que mal vender su patrimonio? Hay quien dice que sí pero existen también muchas voces que indican todo lo contrario y que acusan a la actual junta directiva de carecer de un plan económico sostenible y fiable.

Yo soy de Letras pero si el Barça ingresa 165 millones de euros al año por sus derechos televisivos, el diez por ciento de esos derechos son exactamente 16,5 millones de euros; si multiplicamos ese dinero por 25, el resultado es que, por muy mal que lo haga, el fondo Sixth Street ingresará previsiblemente como poco 412 millones de euros habiendo pagado 207,5. Dejando a un lado el hecho de que Laporta prometiera en su día que no pensaba hipotecar los derechos de televisión ni por Messi ni por nadie, el gran vencedor es Sixth Street y el gran perdedor es el Fútbol Club Barcelona. Entonces, ¿qué están celebrando? Porque, y eso es lo más sorprendente de toda esta historia, hay un sector de culés que se han lanzado a la calle a festejar con un champagne que no pueden pagar la venta a bajo coste de un tanto por ciento de su patrimonio debido a que se encuentran en la más absoluta de las ruinas. ¿Qué celebran? ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué salen riendo y felices y contentos después de empeñar en el Monte de Piedad las joyas de la abuelita?

Insisto en que aquí hay dos debates. El primer debate, que está por cierto que arde, es si al club no le queda más remedio que mal vender su patrimonio, y ya digo que hay otras opiniones además de la de esta junta directiva. Ese es un debate, el otro, que a mí me parece sonrojante y creo que es bastante significativo, es la celebración entre ciertos sectores culés, como si acabaran de ganar una Champions, cuando resulta que les han pillado saliendo de la casa de empeños. ¿Por qué digo que esa fiesta es lamentable? Pues lo digo porque la celebración es la prueba palpable de que no han aprendido absolutamente nada, que siguen con sus sueños de grandeza de antaño y que no se han dado cuenta de que su realidad es muy distinta a la de hace cinco años. O sea, no han aprendido nada de sus múltiples errores. Salen del Monte de Piedad gritando a los cuatro vientos que se van a celebrarlo a La Trainera, es increíble. Mal venden sus derechos de televisión porque, de lo contrario, no pueden pagar las nóminas de los jugadores y, a voz en grito, piden otra ración de percebes. Y nadie, o casi nadie, en Barcelona es capaz de decirles que no están para percebes, ni para nécoras; nadie, o casi nadie, les explica que el bogavante se acabó, que el carabinero pertenece al pasado, que ya no quedan cigalas, que ahora lo que se lleva es el jamón de York. El mal negocio de hoy, eso que Laporta ha dado en llamar "palanca" para eludir la verdad, es producto directo de la ingesta masiva en épocas anteriores de un marisco que no podían permitirse. Si no lo entienden así, yo ya no sé...

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