El penúltimo raulista vivo

Mbappé, Al-Khelaifi y una escena de Lawrence de Arabia

Hay una escena en Lawrence de Arabia que me encanta y es cuando Sherif Ali Ibn Kharish, a quien interpreta Omar Sharif, le dice a Lawrence, o sea a Peter O'Toole, que ya puede beber agua. Resulta que van los dos por el desierto y el agua, que es un bien escaso y que tiene que durar, está restringida. De repente Sherif Ali para a su camello, mira a Lawrence y, muy serio, le dice: "Ahora bebe". Lawrence coge su cantimplora, llena un vaso de agua y, cuando va a beber, observa que Sherif Ali, que no para de observarle, no lo hace él también. "¿Tú no bebes?", le pregunta, y Omar Sharif responde que no. "¿Por qué?", vuelve a preguntar. "Yo soy árabe". Entonces, y con mucho cuidado para que no se derrame ni una sola gota, Lawrence rellena de nuevo la cantimplora con el vaso de agua, la cierra y le dice: "Beberé cuando tú bebas".

Nasser Al-Khelaifi es árabe, nacido en Doha para más señas, la capital de Qatar, y nadie ha conseguido aún pillarle el truco (el aire, que diríamos en Madrid) al presidente del Paris Saint Germain. Tampoco Florentino Pérez. Está claro que ir abiertamente y sin tapujos a por un futbolista suyo no es un buen negocio. El Barcelona lo intentó con varios, lo intentó con Marco Verratti, también con Adrien Rabiot y con alguno más y la cosa no sólo no funcionó sino que acabó con los huesos deportivos de Neymar al lado de la Torre Eiffel. Verratti pudo reconducir su carrera en Francia y ahí sigue en el PSG pero la de Rabiot simplemente se acabó; Al-Khelaifi le tuvo un año en la grada purgando sus penas y, de paso, también las de su madre y representante y, desde entonces, su estrella, que era emergente, se ha ido apagando poco a poco hasta casi desaparecer en Turín. Pero tampoco funciona ir muy despacito, muy poco a poco y por las buenas, con un tacto exquisito. No vale ir en tromba al ataque pero tampoco vale salir a desmentir en rueda de prensa el interés por tal o cual jugador del PSG y decir que el Real Madrid irá siempre de frente y por derecho.

Por si todo esto fuera poco, Al-Khelaifi se siente muy fuerte, casi invencible, porque él no participó en la génesis de la SuperLiga, esperó en un oportuno segundo plano, no quiso mojarse como sí lo hicieron los dueños del City, por ejemplo, de modo que tampoco tuvo que recular ni traicionar a nadie. Mansour bin Zayed Al Nahyan, el dueño del City Football Group, traicionó primero a Ceferin, o sea a la UEFA, y luego a la SuperLiga, pero Al-Khelaifi simplemente esperó. Se sentó a esperar y, paradójicamente, su decisión de no moverse fue el movimiento más inteligente de todos. Ahora el presidente del PSG no es sólo inmensamente rico y su club puede saltarse el fair play financiero cuando le dé la gana sino que, a ojos de la UEFA, es, junto al Bayern, el mejor y más noble de sus hijos, un ejemplo a seguir. Las declaraciones de Al-Khelaifi a L'Equipe van en la dirección de alguien ensoberbecido y que se siente invencible. Son unas afirmaciones amenazantes tanto para Mbappé, que deberá tenerlos bien puestos para aguantar este órdago, pero también para el Real Madrid. Al futbolista le dice que se olvide de salir de París, que no lo hará nunca, tampoco cuando acabe su contrato y mucho menos gratis; al Real Madrid le advierte: el poder ha cambiado de manos.

Echando la vista atrás, tratando de encontrarle cierta lógica al airado comportamiento del presidente del PSG, aplicándole la prueba del carbono 14 al rapapolvo alkelaifiano, a mí me sale una fecha, el pasado 19 de abril. Ese lunes Florentino Pérez acudió al Chiringuito para hablar sobre la SuperLiga pero Josep Pedrerol aprovechó el cartucho para preguntarle sobre Ramos... y sobre Kylian Mbappé: "Me dicen que le fiche", dijo Florentino. "¿Y usted qué les dice?", preguntó Pedrerol. "Tranquilos". Hasta ese momento el presidente del Real Madrid había tenido siempre un comportamiento versallesco con el PSG pero puede que Al-Khelaifi interpretara que ese &tranquilos& era lo más cercano que había a una confirmación por parte del presidente del Real Madrid de que el fichaje estaba hecho.

Y volvemos al principio, a la magnífica Lawrence de Arabia de David Lean, al momento en el cual Peter O'Toole le dice a Omar Sharif que beberá agua sólo cuando él lo haga; lo que en realidad le está diciendo a Sherif Ali es que él no está allí de vacaciones, que él no ha ido de excursión al desierto sino que va a quedarse. Si Mbappé no se pone nervioso, si sólo bebe cuando beba Al-Khelaifi, ganará esta pelea. Si no, la perderá. Si hace lo que hizo el presidente del PSG, o sea nada, saldrá. Y si no le venden ahora, lo hará gratis el año que viene. Si se sienta y espera ganará, pero si mueve un músculo, si muestra un síntoma de debilidad, ni él ni sus hijos y nietos saldrán jamás de La Bastilla. Porque esta batalla, según creo, ya no está en el tablero del Real Madrid si es que alguna vez lo estuvo sino definitivamente en el del jugador. Al-Khelaifi lo ha puesto todo, ya no tiene más ni tampoco puede hacer más de lo que ha hecho. Le está amenazando, lo siguiente sería secuestrarlo. Dice un proverbio árabe que la paciencia es la llave de la solución y la lectura de todo esto es que, según parece, el máximo responsable del Paris Saint Germain está empezando a perderla con Mbappé. Bebe cuando él beba, Kylian, y cruzarás con éxito el desierto que conduce al Real Madrid. De lo contrario envejecerás en París junto a los nietos de Neymar, dos viejecitos contando historietas de cuando ellos quisieron jugar una vez, hace ya mucho tiempo, en un equipo con opciones de conquistar alguna vez la Champions.

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