El penúltimo raulista vivo

Luis Enrique y Holocausto caníbal

Holocausto caníbal es una película de terror ítalo-colombiana de los años 80 que, debido a sus escenas gore, llegó incluso a ser prohibida en muchos países como Australia, Reino Unido o la propia Italia. El cine gore o cine splatter es un tipo de cine que explota la violencia extrema con el exceso de sangre (siempre artificial) y los efectos especiales, intentanto demostrar la fragilidad del cuerpo humano, fácilmente mutilable si uno está lo suficientemente enfermo como para ponerse a ello. La verdad es que encuentro pocas similitudes entre esa película de Ruggero Deodato y un partido de fútbol, y no veo por ningún lado el paralelismo que sí ve, por ejemplo, Luis Enrique entre el viaje a Colombia, al llamado Infierno Verde, por parte de esos cinco chicos y las críticas que ha recibido el seleccionador nacional. No es gore decirle a Luis Enrique que es antimadridista puesto que él mismo se jactó de ello durante años, lo que es gore es nombrarlo para un puesto de representación nacional y en el que, con su elección, parece estar apartándose a los madridistas. No es gore criticar su fútbol insulso, no. Tampoco lo es afirmar que ha abierto tanto el abanico de los seleccionables y bajo un criterio tan insustancial y permeable que, a día de hoy, ningún aficionado español puede repetir de carrerilla el once de la selección simple y llanamente porque no existe.

El otro día Juanfe Sanz decía en El Chiringuito que, tras no convocarlo sin aportar ninguna explicación deportiva lógica, el cuerpo técnico de la federación se había enamorado de Raúl de Tomás en los entrenamientos, de modo que, después de 32 partidos sin llevarlo, de repente y sin previo aviso RDT ha aparecido, con suerte desigual, en los dos encuentros más importantes para España. No se explicó la ausencia de Raúl de Tomás (del mismo modo que sigue sin explicarse la de Iago Aspas) y no se explica tampoco ahora su presencia, que se adorna con la figura retórica del enamoramiento; ni se explica la ausencia de Fabián, con quien, según leí por ahí el otro día, Luis Enrique tuvo una bronca. Esto sí que es gore y no las críticas que ha recibido el seleccionador. Gore sería decir de un entrenador que ha ganado tres Champions seguidas que no tiene ni idea de fútbol, gore sería llamarle nazi a un técnico o decir de él que es la típica persona que atropella a alguien por la calle y se da a la fuga, gore sería perseguir al hijo menor de un entrenador, gore sería comparar a un entrenador con Bin Laden y todo eso, lo de las tres Champions, lo del nazi, lo del atropello, lo del hijo y lo de Bin Laden, ya lo hemos vivido en el periodismo deportivo español con Zidane y con Mourinho. Comparado con toda esa basura las críticas (hay que concretar que de unos pocos) a Luis Enrique no son cine gore, no, sino musical, Siete novias para siete hermanos, West Side Story... de ese estilo.

Comprendo la emoción popular de la clasificación en el último instante y tras dos partidos, el de Grecia y el de anoche ante Suecia, terriblemente malos, pero habría que contextualizarlo todo un poco, ¿no? Vamos a ver, España no ha hecho nada que no venga haciendo sucesivamente desde 1978, y lo ha hecho en un grupo de clasificación aparentemente sencillo en el que, además de las ya citadas Suecia y Grecia, estaban Georgia y Kosovo. De haber acabado segunda de su grupo, la selección habría ido a la repesca como una de las mejores segundas pero es que, en el caso concreto de la selección, lo habría hecho también como tercera. Para eso España debería haber acabado por delante de Georgia, que ha ganado 2 de sus 8 partidos. Quiero decir que, sin tanto exhibicionismo y sin tanta demagogia, es muy probable que el noventa por ciento de los entrenadores profesionales de fútbol españoles hubieran logrado más fácilmente lo que ayer consiguió Luis Enrique con demasiado sofoco.

Una vez le preguntaron a Groucho Marx por la televisión y él respondió que le parecía un invento muy cultural porque cuando la encendía se ponía a leer un libro. Esta es, salvo honrosísimas excepciones, una selección muy cultural porque mientras juega o trata de hacerlo yo leo un buen libro, escucho música y hago zapping. El que España aburra no es un problema del señor Rodríguez sino del señor Martínez y ya digo que, salvo partidos contados con los dedos de una mano, España aburre mortalmente. Dejaré para otro día la apropiación de España, que ya no es España sino la roja, y su empleo contra aficionados españoles. Antes, hace mucho tiempo, el periodismo era crítico, hoy tiene que vender. Da un poco de vergüenza ajena la alegría con la que se menciona a un país que vulnera descaradamente los derechos humanos más elementales. Campañitas a favor de Diakhaby las que quieras pero poner el dedo en la llaga de, entre otras cuestiones gravísimas, la muerte inexplicada de más de siete mil trabajadores, mejor lo dejamos para otro día. Eso sí que es gore y no Holocausto Caníbal.

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