El penúltimo raulista vivo

La yenka de Messi

Fruto posiblemente de la frustración, consciente de que la Supercopa de España podría ser perfectamente el último título que gane con el Barcelona, Lionel Messi agredió a Villalibre y al árbitro no le quedó más remedio que mandarlo a la ducha. Bueno, a la ducha no porque con el protocolo Covid ahora mismo no hay ducha que valga, pero sí al vestuario: le mandó al vestuario. Lo peor no fue que Messi, expulsado por primera vez en su vida con la camiseta azulgrana, dejara a su equipo con diez jugadores sobre el campo, no; el partido estaba visto para sentencia. Lo peor vino después, con una información de José Álvarez en El Chiringuito que incide en un modo de gestionar un club como el Barcelona que resulta absolutamente nocivo. Lo que dijo mi compañero por la noche en la tele es que Messi estaba hundido, que efectivamente su gesto hacia Villalibre fue obra de la desesperación por tener que asistir impávido y casi, casi como mero espectador al desmoronamiento de un imperio del que él fue buque insignia.

Lo segundo que dijo José Álvarez es lo que a mí me resulta más terrible desde el punto de vista de la gestión de una gran empresa, en este caso deportiva, como es el Barcelona. Al ver la acción de Messi todos dedujimos al instante que sacó la mano a pasear porque estaba desesperado, es algo que sucede muchas veces en el deporte profesional y en el amateur, nada nuevo bajo el sol. Te ves impotente, te das cuenta de que quieres pero no puedes y reaccionas como no debes reaccionar. Pero lo peor es lo que surgió después de esa jugada y es que, según el círculo más cercano al futbolista, si Messi hubiera tenido que decidir ayer a eso de las once y media de la noche si seguía o no en el Barcelona, si continuaba en la Liga española o probaba con la Premier o quién sabe si con la Liga francesa, el argentino se inclinaría por marcharse.

¿Nadie en Barcelona, nadie en el club se da cuenta de que una institución tan poderosa como la azulgrana no puede continuar dependiendo de un futbolista, de un jugador, de un hombre? Como en el chiste de Eugenio, ¿hay alguien más ahí? ¿De verdad nadie es capaz de ser responsable y no pensar sólo en sus propias necesidades, en sus aspiraciones sino en las necesidades del club? ¿No hay nadie entre el barcelonismo capaz de alzar la voz y decir "oiga, no nos tenga usted con el cuento chino este todos los días y decídase de una puñetera vez"? ¿No hay nadie? ¿En serio? ¿No hay nadie capaz de defender al club por encima de un futbolista? ¿No hay nadie con la templanza suficiente como para anteponer la historia, el club, el escudo a las necesidades de la familia Messi? ¿Cómo ha llegado el Fútbol Club Barcelona a semejante estado de degradación y de servilismo? ¿Cómo es posible que se arrastren así tantos años de historia?

No es que yo sea precisamente un admirador de José Luis Núñez, que en paz descanse. Siempre me pareció un llorón y un acomplejado pero, ahí donde lo ven, Núñez tuvo las santas narices de decirle a Maradona que no, a Schuster que tampoco y a Ronaldo que verdes las habían segado. Casi nadie al aparato, Maradona, Schuster y Ronaldo, o sea, y por orden, probablemente el mejor futbolista de toda la historia, quizás uno de los cinco mejores jugadores alemanes de todos los tiempos y seguramente uno de los dos o tres mejores delanteros del fútbol mundial. Pues bien, a los tres los mandó a esparragar desde su metro y sesenta y cinco centímetros. ¿Por qué? Pues porque Núñez tuvo una visión del Barcelona a largo plazo, supo qué sitio ocupaba y qué intereses defendía y se dio cuenta de que, aunque geniales, los futbolistas son unos niños malcriados a los que conviene atar en corto.

¿Nadie se da cuenta de que el Barcelona no puede estar sometido a la yenka de Messi? Izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, detrás, un, dos tres. Ahora por la izquierda, y ahí tienes a todo el barcelonismo por la izquierda. Ahora por la derecha, y ahí tienes a todo el barcelonismo por la derecha. Ahora me apetece ir hacia adelante, pues hacia adelante. Ahora quiero ir hacia atrás, pues vamos para atrás. La yenka que cantaban hace años Enrique y Ana. Un, dos, tres. Lo que un candidato serio a la presidencia del Barcelona haría es salir a la palestra a pedirle a Messi que se decida ya, que no tenga a un club fundado en el último año del siglo XIX pendiente de la tinta de un burofax. Lo que cualquier candidato serio a la presidencia del Barcelona haría, lo que un candidato que no pensara en sus posibilidades de victoria sino en el interés general culé haría, es pedirle a Messi que eligiera porque a quien suceda a Bartomeu le tocará gestionar un club en ruina económica y quién sabe si con su mejor jugador histórico ausente, no es la vida en rosa precisamente. Messi tiene suerte porque eso es lo que no harán ni Laporta ni Font ni Freixa, pero la fortuna de Messi supone otro mal augurio para el club catalán. Ninguno de estos tres le va a poner el cascabel a un gato que, a fuerza de concesiones, a fuerza de arrastrar la lengua por el suelo, se ha transformado en un dragón. Ni Laporta ni Font ni Freixa son José Luis Núñez y, ya puestos, tampoco Florentino Pérez. A Florentino la letra de la yenka le dura hasta el "venga chicos, vengan chicas a bailar", con el verbo bailar se acaba la broma. En el Real Madrid no se baila, y mucho menos la yenka. Y, si no, que le pregunten a Sergio Ramos.

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