El penúltimo raulista vivo

Final feliz: Griezmann se cortó el pelo

El fútbol actual es, en líneas generales, el de los futbolistas sin palabra, el fútbol de los futbolistas que dicen cosas por decir, que dicen que ellos jugarían gratis cuando todo el mundo sabe que eso es mentira, que se besan el escudo por besárselo, es también el fútbol de los representantes de chavales de diez o doce años, que tendrían que estar pensando en estudiar y en formarse antes que en ser millonarios. Y, ojo que el asunto no es baladí, el fútbol actual es el de los tatuajes y el de los peinados. El look, o sea la imagen que transmites, es a veces tanto o más importante que el hecho de que seas un buen o mal jugador. Hoy en día un futbolista que no tiene al menos un tatuaje no es nadie y se convierte rápidamente en sospechoso. Y no me refiero a un tatuaje en la nalga, no; no me refiero a un tatuaje oculto a la vista del público en general sino a uno bien visible, uno gordo.

Cuanto mayor es el tatuaje, mucho mejor. Y si, en vez de tener un tatuaje, tiene cinco o seis, miel sobre hojuelas. Y si tienes todo el cuerpo lleno de tatuajes, como el Queequeg de Moby Dick, mejor. Empiezas a ganarte el respeto del resto de jugadores cuanto tienes muchos tatuajes. Y en cuanto al peinado, ¡qué decir del peinado! Si no cambias de peinado tres o cuatro veces a lo largo de una temporada no eres nadie. Antes de haber demostrado absolutamente nada sobre el campo, los críos imitan los peinados de Messi o de Cristiano y antes los de Ronaldo o Beckham. Se cuenta que nada más llegar al Real Madrid, el actual seleccionador nacional de fútbol le pidió a Michel la dirección de su peluquero para copiarle el peinado. Así que, por mucho que moleste a Richard Dees (y puedo compartir su indignación y su sorpresa), el corte de pelo no es, en nuestro superficial fútbol actual, un asunto baladí. Y no es cuestión de tomarse a broma el corte de pelo de Griezmann, exigido por los dictadores de Twitter y consentido con una sonrisa Profidén por el futbolista.

El Trágala fue una canción que los liberales españoles utilizaban para humillar a los absolutistas tras el pronunciamiento militar de Rafael del Riego. Y, según Ramón de Mesonero Romanos, decía así: "Por los serviles no hubiera Unión ni si pudieran Constitución, pero es preciso roan el hueso y el liberal les dirá eso: trágala, trágala, trágala, trágala, trágala, perro". El trágala colchonero con Griezmann, que se rió a carcajada limpia de la afición, está siendo histórico. Es, no me cabe la menor duda, un hueso duro de roer y, para facilitar la digestión, el club colchonero nos ofreció ayer el renacimiento de un futbolista que podrá aportar mucho deportivamente hablando pero que lleva dos años amortizado si nos atenemos a un criterio estrictamente emocional. No pidió ni al parecer pedirá perdón, ni reconocerá que se equivocó al faltarle al respeto a su afición; no admitirá que dejó tirado al Atleti, que lo humilló. No asumirá su error pero, al menos, se ha cortado el pelo. Y con eso (a lo del corte del pelo me refiero) una gran parte de la afición se da por satisfecha. Se lo pidieron y él lo hizo, ¿se puede ser más feliz?... Pues no. Su plaquita del paseo de la fama amanecerá brillante y limpia y ahora los golfillos se centrarán en la de Courtois, que ése sí que fue un traidor de verdad.

Me gustará ver cómo evoluciona el caso Griezmann en el Atleti. Lo veremos juntos. Y la labor de Simeone será importante a la hora de comprobar si existe o no reedición del mejor Antoine. A nadie le cabe la menor duda de que si Griezmann está hoy en el Atleti es porque lo ha exigido el Cholo y, hoy por hoy, el Cholo es dios en el Atleti. Antoine negoció por mail 14 millones en comisiones por fichar por el Barça mientras el Atlético se jugaba la temporada... pero se ha cortado el pelo. El jugador cerró su contratación con el club catalán sin que hubieran mediado los preceptivos contactos previos entre ambos clubes... pero ya no tiene las greñas que lucía en el Barça. En aquellos correos electrónicos se abordó el pago de cuatro grandes lotes de comisiones: el primero fue para su hermana y para su padre; el segundo fue para el abogado de la familia; el tercero fue a parar a un comisionista francés; el cuarto y último lote, llamativamente el más importante de todos y que se elevaba a 7 millones de euros, fue a parar a un abogado barcelonés, pero nada de eso tiene en realidad importancia porque, al final, Griezmann accedió al Twitter atlético y se cortó el pelo. Negoció con su rival por la Liga, cerró su fichaje por el Barça, fue desleal e interesado y repartió lotes de comisiones mientras su equipo se jugaba la temporada pero, ¡qué caramba!, se ha cortado el pelo. Final feliz. Y, por cierto, trágala de los que hacen época. Duro de roer.

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