El penúltimo raulista vivo

El plan de Laporta

Parece que lo único real del plan de Laporta, si es que éste llegó a existir alguna vez, fue la pancarta que su director de campaña, Lluís Carrasco, le sugirió colocar cerca del estadio Santiago Bernabéu. Y su intervención más decisiva consistió en cambiar la frase que inicialmente estaba previsto que apareciera. Así, del "un gran equipo necesita el mejor rival" se pasó al "ganas de volver a veros". Ese era el plan. Ahí se acabó. No había más. Bueno, en realidad sí había. La candidatura de Laporta se sustentó, en un dificilísimo equilibrio, en dos patas: la pancarta y un vídeo con los mejores momentos del Barcelona triunfante. Laporta aseguró que él volvería a repetirlo, atribuyéndose el éxito de un equipo que él sólo se limitó a presidir. La gran engañifa, el truco final, el saco de palomas saliendo del sombrero de copa, el tour de force consistió en hacer creer a todo el mundo que el éxito del Barça de Laporta era de Laporta cuando, de todos los que lo protagonizaron, Joan Laporta era el único prescindible. Laporta se dejó arrastrar por la ola de una generación fantástica de futbolistas que, por una simple cuestión biológica, ahora están o bien retirados o bien jugando en China o bien entrenando en Qatar. De aquel equipo sólo queda en activo Piqué, que es una pequeña sombra de la sombra del defensa que un día fue. Pero el público tragó, el socio votó y Laporta ganó las elecciones... ¿exactamente gracias a qué? ¿En qué consistía su plan? En colocar una pancarta y en sacar un vídeo con los mejores pases de Xavi e Iniesta. Bueno, en realidad no eran dos sino tres las patas que sostenían en el aire el castillo laportiano. Además de la pancarta y el NO-DO, la promesa de que, con él en la presidencia, Leo Messi seguiría. Pero Messi no siguió. ¿Entonces? Repito la pregunta: ¿En qué consistía el plan? El plan de Laporta consistía en ganar y si para conseguirlo tenía que mentir, o al menos no decir toda la verdad, el plan de Laporta era ganar engañando al personal. Pero, como dijo Abraham Lincoln, se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.

¿Quién sí dijo la verdad? El único que dijo la verdad era el que podía permitírselo, o sea el único que no se presentaba a las elecciones, el único que no quería ser presidente del Barça. El único que dijo la verdad fue el presidente de la Comisión Gestora, Carlos Tusquets, el único que sabía cómo estaba el club por dentro y el que tuvo que informar a los candidatos, y entre ellos al que ganó, de cual era la situación económica exacta del club. Estaba tan informado Laporta de que el Barcelona estaba en quiebra que, tras ganar en las urnas, desbloqueó in extremis las negociaciones para lograr el aval de 124,6 millones de euros que debían reunir tanto él como sus directivos. Porque, y lo diré del modo más gráfico posible, aquí quien rompe paga. Tenían todos tan meridianamente claro que, aceptando la decisión de las urnas, se adentraban en una zona oscura, que Jaume Giró, el que iba a ser ni más ni menos que su vicepresidente de los números, se dio cuenta de repente el 14 de marzo, una semana después de las elecciones, de que tenía que viajar mucho a Londres y que le iba a resultar imposible hacerse cargo de la situación.

Recapitulemos: pancarta, NO-DO y Messi. ¿Algo más? ¡Ah, sí, se me olvidaba!: un crédito. La gran genialidad de Laporta para sacar al Barcelona del atolladero consistía en hacer lo que haría cualquier español en su situación, pedir un crédito, lo único cambiante es la suma total, casi 600 millones de euros. Hace algunas horas se conocía que Goldman Sachs, que seguro que tendrá la mala costumbre de cobrar lo que presta, le ha dado a Laporta tres años para sacar al club de la quiebra. Y, en vista de que nada le sale como él tenía planeado, ¿qué hace el prestidigitador? Inventa sobre la marcha otro truco para desviar la atención y ese truco se llama Ronald y se apellida Koeman. Pero como Koeman, al igual que Goldman Sachs, tiene la fea costumbre de cobrar por trabajar y el entrenador es un emblema culé pero no es bobo, hasta ahora ha aguantado como un buen buque holandés todos y cada uno de los embates que se le han presentado, que no han sido pocos.

De modo que el plan ha cambiado sobre la marcha y ahora consiste en ponerle la proa a Koeman. Pero el problema, culés, no es Koeman. El problema fue Laporta, que colocó la primera piedra del Barça ruinoso. El problema fue Rosell, que le firmó un contrato leonino a Neymar, el origen del escándalo. El problema fue Bartomeu, que le puso firma a dicho contrato, anticipando la judicialización del club. El problema fuisteis también vosotros, que los votasteis y que luego mirasteis hacia otro lado. El problema fue el periodismo deportivo catalán, que lo sabía todo y generó una falsa ilusión, la misma que pretende construir ahora con el próximo mercado de invierno o el futuro de Haaland. Y, en fin, el problema siempre ha sido que el auténtico modelo consistió en pagar mucho más que los demás, en vivir muy por encima de las posibilidades reales, y que el único ADN visible se sustentó en firmar a los mejores dándoles lo que nadie les daba. Y este cuento se acabó. Cesarán o no a Koeman, llegará otro o no llegará, indemnizarán o no a Setién, que sigue esperando, pero el plan debería consistir en decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Y esa, queridos, esa duele.

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