El penúltimo raulista vivo

El Mundial que veremos

La selección española de fútbol se ha concentrado hoy en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas para preparar los tres primeros partidos clasificatorios para el Mundial que, si Dios quiere y la pandemia lo permite, se celebrará en Qatar en 2022; el primero, ante Grecia en Los Cármenes de Granada, este jueves que viene; el segundo, el domingo 28 ante Georgia en Tiflis; el tercero, el miércoles 31 frente a Kosovo en el estadio de La Cartuja de Sevilla. He dicho bien, el Mundial de Qatar. Porque, a pesar de los pesares, habrá Mundial en Qatar. En junio de 2019 se produjo en París la detención de Michel Platini, que por aquel entonces era ya ex presidente de la UEFA, como parte de la investigación sobre la designación de la candidatura de Qatar como sede de la Copa Mundial de fútbol; en aquella operación fueron también arrestados Claude Guéant, ex ministro galo del Interior, y Sophie Dion, antigua asesora de Nicolas Sarkozy cuando éste era presidente de la República. Aquello fue la guinda de algo que arrancó mucho antes, en concreto el 29 de enero de 2013, cuando France Football publicó en su portada aquello tan famoso de "Qatargate", un reportaje de más de quince páginas de los periodistas Philippe Auclair y Eric Champel sobre las irregularidades cometidas por la FIFA en la adjudicación, en 2010, de la candidatura qatarí. En aquel artículo se explicaba cómo se habrían pagado sobornos para conseguir votos a favor o como Sarkozy habría supervisado personalmente ese trato favorable. El reportaje fue la espoleta que provocó la explosión pero fue la investigación de Michael García la que, a través de sus 400 páginas, detalló de manera precisa y contrastada la cronología del Qatargate.

En julio de 2012, Sepp Blatter, con el objetivo loable pero improbable, y más viniendo de quién venía la iniciativa, de combatir la corrupción, reformó el Código de Ética de la FIFA y nombró al prestigioso jurista alemán Hans-Joachim Eckert como presidente del órgano de decisión y al citado Michael García, que era un reputado ex fiscal de Nueva York, como presidente del órgano de instrucción. García, que era un hombre justo, anunció que investigaría los procesos de licitación y adjudicación de las candidaturas de Rusia y de Qatar y en septiembre de 2014 entregó un informe en el que se detallaban una por una todas las irregularidades descubiertas; desafortunadamente Eckert consideró que las evidencias no eran suficientes, no hizo por supuesto público el informe y, por contra, sacó a la luz un resumen de 47 páginas. García presentó un recurso al comité de apelaciones y, en diciembre de 2014, anunció su dimisión; pidió a la FIFA que publicara íntegro su informe, ésta se negó pero, al saber en 2017 que el diario alemán Bild pensaba sacarlo a la luz por entregas, decidió adelantarse. A junio de 2019, deiciséis de los veintidós miembros electores de la FIFA participantes en la votación tenían asuntos pendientes con la justicia. Dieciséis de veintidós.

Hace aproximadamente un mes The Guardian publicaba que en el período de tiempo transcurrido entre 2011 y 2020 habían muerto en Qatar más de 6.500 trabajadores procedentes de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh y Sri Lanka; el rotativo británico añadía que el número de fallecidos era significativamente mayor puesto que esas cifras no incluían las muertes sucedidas en los últimos meses de 2020 y tampoco las de ciudadanos de varios países que enviaban un gran número de trabajadores, incluidas Filipinas y Kenia. Y, como en 2012 cuando Blatter reformó la Comisión de Ética para combatir la corrupción con el objetivo de no combatir la corrupción y aquello acabó con la dimisión por hastío, por puro cansancio, del único que pretendía combatirla en serio, Michael García, al conocer la noticia de The Guardian la FIFA publicó un comunicado en el que aseguró estar totalmente comprometida con la protección de los derechos de los trabajadores y añadía, y leo textualmente, lo siguiente: "Los accidentes en los sitios de construcción de la Copa Mundial ha sido baja en comparación con otros proyectos de construcción importantes en todo el mundo". The Guardian, repito, habla de al menos 6.500 personas muertas. La FIFA considera que son pocos.

Y este es, amigos, el Mundial de fútbol que veremos a partir del 21 de noviembre del año que viene. Porque, a todo esto, también han tenido que cambiarse las fechas habituales debido al clima. Este es el Mundial que ha parido la FIFA, un organismo comprometidísimo contra el racismo: campaña de la UNESCO contra la discriminación, campaña de UNICEF "di no al racismo", campaña por aquí, campaña por allá. Este es el Mundial que nosotros vamos a ver. Porque lo vamos a ver, ¿verdad? Lo que quiero decir es que no nos arrollidaremos como Colin Kaepernick en 2016 mientras sonaban los acordes del himno nacional estadounidense, ¿no? Aquí lo importante no es lo mollar, aquí lo trascendente no son los 6.500 muertos, no; aquí lo verdaderamente relevante es que el cuarto árbitro del PSG-Basaksehir llamara negro a Pierre Webó. Aquí el asunto verdaderamente preocupante es que Edison Cavani dijera "gracias, negrito" a un comentario en su cuenta de Instagram, que fue inmediatamente borrado. Cavani fue acusado de mala conducta por una infracción de la Regla E3 de la FA y fue castigado por su referencia "al color y/o la raza y/o el origen étnico de otra persona". De nada le sirvió a Cavani decir que era un saludo a un amigo de toda la vida al que lleva llamando "negro" desde tiempos inmemoriales. El pobre Edinson tuvo que salir a pedir perdón y a explicar que él está en contra del racismo. Según The Guardian, 6.500 muertos en Qatar desde 2011. Y en 2019 la federación tratando de convencernos de que se llevaba la Supercopa de España a Arabia Saudí para defender los derechos humanos y no a cambio de 40 millones por temporada. ¡Y, el día de partido, las mujeres pudieron moverse libremente por cualquier zona del estadio! A eso le llamo yo tapar el sol con un dedo. Porque el Mundial lo veremos, ¿no?

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