El penúltimo raulista vivo

El globo de Simeone

Existe cierto consenso a la hora de atribuírsele al fraile franciscano, filósofo y lógico escolástico Guillermo de Ockham el principio metodológico que lleva su apellido y que es popularmente conocido por todos como la navaja, la navaja de Ockham. Según este fraile, que vivió entre 1280 y 1349, en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable. O sea que cuando tenemos dos o más teorías al respecto de algo que en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la más simple de ellas tiene más probabilidades de ser la correcta que la más compleja. Aplicada la teoría de la navaja al fútbol, que es la materia que nos ocupa, y más concretamente al Atleti del Cholo Simeone, si cada vez que el técnico argentino se mide a un reto considerado por todos como relevante o trascendental y, en esas circunstancias y sometido a la misma presión agobiante que deben soportar sus otros colegas de profesión, el argentino opta por una táctica conservadora, más bien reservona, cobardica en ocasiones, y ello conlleva para él y para su equipo idéntico resultado, y siempre negativo, la explicación más sencilla, que suele ser la de la mieditis que le entra a Simeone, es la que cuenta con más papeletas para ser la más probable.

Acerca del miedo más o menos razonable de Simeone, que se aturulla en las grandes citas y cuando le toca entrar a matar, se puede opinar, debatir, teorizar y polemizar pero lo que no se puede es discutir sobre la tozuda realidad: cuando Simeone se ve sometido a mucha presión, cuando el Cholo puede dar un golpe encima de la mesa, amaga con ir pero acaba no yendo y al final termina haciendo siempre el cambio menos valiente, o sea el más cobarde. El sábado, sin ir más lejos, con Joao Félix. Cuando parecía que Simeone había conseguido evolucionar el motor de este Atleti, que está fabricado a su imagen y semejanza; cuando todos pensábamos que la llegada de Luis Suárez, que ya no está para esfuerzos físicos kilométricos, obligaría al Cholo a presionar más arriba y a jugar más y mejor al fútbol; cuando todo eso estaba sucediendo en partidos de menos chicha que el del sábado, llegó el Real Madrid y pinchó el globo.

Dicen que se juega como se entrena y es posible que uno dirija de un modo similar a como jugó. El Simeone futbolista jugaba a destruir y es probable que al Simeone entrenador le estemos pidiendo algo en lo que él no cree o algo que a lo mejor no sabe hacer. El Cholo es probablemente el mejor entrenador que haya tenido el Atlético de Madrid a lo largo de su historia y, fruto de ello, es también el técnico mejor pagado del mundo. Gana más que Guardiola, más que Mourinho, más que Klopp y, por supuesto, más que Zidane. Ha llevado a su equipo hasta las cotas más altas, ha ganado una Liga, ha jugado dos finales de Champions, ha conquistado una Copa... pero cuando la tiene ahí, cuando sólo debe empujarla, la echa fuera o le dispara al muñeco. De ahí probablemente que le moleste tanto que se diga de su equipo que es favorito, a él lo que le gusta es llegar desde atrás, sorprender, huir de las luces de neón. Le gusta la guerra de guerrillas, por eso lo del "partido a partido".

Pero, pese al tropezón del sábado, el Atleti sigue siendo favorito a ganar la Liga. Lo es porque va el primero y lo es también porque el Cholo Simeone puede permitirse un lujo del que van a carecer siempre los entrenadores del Real Madrid y del Barcelona, Zidane y Koeman en este caso: al Atleti no se le exige nada de nada, como mucho acabar tercero, de modo que Simeone siempre gana: gana si gana y gana también si, escudado en el presupuesto, se recuesta a la sombra de los dos gigantes y explica razonadamente a su afición por qué es imposible ganar. Y si, como ha sucedido también, queda segundo por detrás de los culés pero por delante del Madrid... eso también vale una Liga. A Joao Félix a lo mejor no, a Joao Félix igual no le sirve ganar la Liga del primero de los peores. A todos nos sorprendió que el futbolista más caro de la historia del club colchonero pasase la temporada anterior como Hazard por el Real, sin pena ni gloria.

El período de adaptación caducó, un cuarto de hora del Menino de Ouro estuvo a punto de decantar del lado rojiblanco el partido de cuartos de final de la Champions ante el Leipzig. Simeone lo dejó aquel día en el banquillo, cómo no, pero el chaval salió y armó la gorda. Ya no es el novato, ya no está en período de aprendizaje y su cara del otro día al ser cambiado era la expresión de un disgusto que iba más allá. Puede que Simeone sea el entrenador que necesita el Atleti, no lo sé. Es posible que, sin él, el equipo se derrumbe. Pero también parece probable que un futbolista tan talentoso como Joao Félix necesite un técnico que quiera construir y no demoler, que quiera levantar y no hundir. Esa será una reflexión que probablemente deban aplazar en el Atleti: ¿Tiene un tope este equipo con Simeone? Desde hace algún tiempo la respuesta a esa pregunta es un "sí". Y el Real Madrid volvió a desinflar este sábado el globo de Simeone.

A continuación