El penúltimo raulista vivo

El futuro se llama Mbappé

Hay algo de lo que dijo ayer Mbappé que nos hace ser moderadamente optimistas a los madridistas sobre que el futbolista francés acabe recalando aquí, en el Real, y es que justo después de meterle tres goles al Barça en el Camp Nou insistiera en que un partido bueno no va a variar su decisión, que yo creo que ya tiene que tener tomada. Es verdad que Mbappé no finaliza su contrato dentro de cuatro meses sino en junio de 2022 pero desde el 1 de enero del año que viene, y si no ha alcanzado aún un acuerdo de renovación con el PSG, ya puede negociar con cualquier club, y puede irse sin dejar un euro en las arcas del club parisino. Con un futbolista de 35 años probablemente no funcione así pero con uno de 22, y que va a ser además el referente del fútbol mundial de la próxima década, si se quiere renovar su contrato se empieza a negociar un año y medio antes de que finalice. Si, estando ya como estamos en febrero del 21, Mbappé todavía no ha dicho que sí es porque ya tiene decidido decir que no, creo yo.

No veo tampoco cómo o por qué pueda afectar a la decisión de Mbappé que Messi llegue o no llegue al PSG. Si Mbappé intuyera (o supiera) que Messi ha decidido fichar por el equipo francés sí es posible que eso actuara como acelerante, pero es que yo creo que ahora mismo sólo Messi sabe lo que va a hacer Messi. Si Messi se queda en el Barcelona o, por ejemplo, se marcha al City y, al mismo tiempo, Mbappé decide irse de París, el problema es para el PSG y no para el jugador. No veo yo sinceramente a Mbappé pendiente de la televisión o de los periódicos para saber qué decide Messi y, en función de eso, tomar él una decisión. Messi, y se vio clarísimamente anoche, es el pasado del fútbol mundial mientras que Mbappé es el presente y, sobre todo, el futuro. Por otro lado, si ayer Mbappé brilló con una luz tan especial fue porque no estaba Neymar; asumió la responsabilidad, que recaía casi toda sobre sus hombros, y demostró que está en condiciones de liderar él solo un proyecto. El problema es que, mientras esté allí Neymar, el proyecto del PSG no lo va a encabezar él sino el delantero brasileño.

Mbappé lo tiene todo en el PSG, todo. Y, después de lo de anoche, le van a dar lo que pida. Lo tiene todo... menos el liderazgo del proyecto. Lo tiene todo de un modo muy similar a como Neymar lo tenía también todo en el Barcelona. Neymar era muy querido allí, muy valorado. Y se llevaba extraordinariamente bien con todos, empezando por el propio Messi, que aún le echa de menos. Pero él quería ser el número uno y no el número dos y sabía perfectamente que, mientras estuviese allí Messi, él sería el número dos. Algo parecido le sucede ahora a Mbappé en el PSG: es muy querido, muy valorado, hoy es portada en todos los diarios del mundo pero no es el líder natural de ese proyecto. Y es ahí donde yo encajo sus palabras acerca de que sería poco inteligente tomar una decisión por un buen o mal partido de fútbol. Yo creo que Neymar le ha indicado el camino a Mbappé con la diferencia de que el camino de Neymar tenía bastantes más espinas porque resulta que, de decidirse por el Real Madrid, Mbappé vendría al mejor club deportivo de todos los tiempos. Si es por dinero, Mbappé se quedará en el PSG. O quien sabe si se irá al Liverpool. Si lo que quiere Mbappé es liderar la tercera etapa dorada del mejor club del siglo XX y hacerlo, además, en un estadio nuevo y reluciente, elegirá al Madrid.

Por otro lado, veo a mucha gente preocupada por el dinero que costaría Mbappé, y siguen (erre que erre) conectando equivocada y deliberadamente la reconstrucción del estadio o la atascada renovación de Ramos con la posible operación de desembarco de Mbappé. En vez de explicarlo con peras y con manzanas lo haré con ventanillas. El nuevo Bernabéu se va a pagar a partir del 30 de julio de 2023 y acabará de abonarse el 30 de julio de 2049. Como cualquiera con dos dedos de frente podrá imaginar, si el Real Madrid tuviera que esperar 28 años para fichar, al final volvería a jugar Paco Gento. El nuevo Bernabéu está financiado por un crédito de 575 millones de euros al que el Real Madrid hará frente en 27 cómodas cuotas de 29,5 millones y un interés fijo del 2,5%. Esa es la ventanilla del campo.

Luego está la ventanilla de Ramos. Como ya se ha explicado un millón de veces, no es lo mismo hacer un esfuerzo por un futbolista de 22 años cuyo fichaje vas a poder amortizar a lo largo de 10 que hacerlo por otro que, aunque es una leyenda del club, ya tiene 35 y está biológicamente de retirada. No es que el Real Madrid no le dé a Ramos lo que él quiera porque no lo tenga, no, lo tiene; lo que sucede es que el Real Madrid ya no considera estratégica la continuidad de Ramos y sí la llegada de Mbappé o, por ejemplo, la de Halland. O sea, y recapitulando, la llegada de Mbappé no tiene absolutamente nada que ver con la negativa del club a darle a Ramos lo que pide y tiene mucho menos que ver aún con la remodelación del estadio, pese a lo cual mañana mismo habrá quien lo mezcle todo de nuevo metiéndolo otra vez en la turmix.

El Real Madrid tiene un plan A, que se llama Mbappé, y un plan B, que se llama Haaland, pero los dos planes, el A y el B, dependen de la voluntad de los jugadores. Si Mbappé decide seguir en el PSG y el Madrid activa el plan B pero Halland apuesta por seguir en el Borussia Dortmund, no habrá nada que hacer. Mbappé o Halland no son futbolistas normales. Mbappé es el nuevo Messi (o como decía ayer José Luis Garci, el nuevo Pelé) y Haaland es el nuevo Cristiano. Esto no es como ir a fichar a Lucas Torreira, para que nos entendamos. La de Mbappé es una operación compleja, de esas que motivan a Florentino. Una de esas operaciones que te garantizan otros 10 años de liderazgo en el fútbol mundial. No es como ir a por Camavinga, con todos mis respetos. Y habrá que esperar un poco más.

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