El penúltimo raulista vivo

El caso Ramos

El pasado 8 de julio, y después de una negociación con el Real Madrid que en realidad duró más bien poco pero que su entorno alargó artificialmente en los medios, Sergio Ramos fichaba por el Paris Saint Germain. Era, decían, la guinda del pastel. Florentino era un torpe por dejarlo ir y el presidente del equipo parisino un genio de la negociación. El 28 de mayo se confirmaba la llegada de Alaba al club blanco, cuestión ésta que supuso que desde el ámbito de influencia de Sergio se indispusiese a la afición en contra del austríaco, que, hasta ese momento, había gozado de un incuestionable prestigio a nivel internacional: que si era una forma de enseñarle a Ramos la puerta de salida, que si iba a costar más que Sergio, que si no iba a ser capaz de soportar la presión, incluso que si no iba a atreverse a coger el dorsal número 4. Todo falso. A David Alaba, que llevaba sólo once años en el equipillo alemán conocido como Bayern de Múnich, le dijeron que si quería el número 4 y él dijo que sí sin pensárselo... y hasta hoy. La cuestión no era si Alaba iba a conseguir con el Real Madrid todo lo que logró Ramos porque eso es imposible. Tampoco se discutía si Alaba era mejor o peor que Sergio porque Ramos ha sido probablemente uno de los tres o cuatro mejores defensas centrales de la historia del Madrid. La pregunta era si un Alaba de 28 años era mejor que un Ramos con 35 y ahí nadie dudaba en afirmar que así era.

Antes decía que, tras enredar demasiado la madeja y pensar que a Florentino se le podía dar el tocomocho o presionar con chorradas, Sergio fichó por el PSG. Ramos se despidió del Madrid un 17 de junio, de modo que tardó 22 días en encontrar nuevo acomodo. No habría tardado ni medio segundo en llegar a un acuerdo con el Madrid si hubiera aceptado la oferta de renovación del club por un año y, una vez abandonado el Madrid, tampoco habría tardado más de un día en llegar a un acuerdo con el club francés si los Ramos hubieran aceptado un año pero firmar por un año con un club que jamás ha ganado una Copa de Europa abandonando otro que ha ganado trece y le ofrecía lo mismo habría sido entendido por todos como una derrota de forma y manera que René se dejó la piel por conseguir dos. El mensaje era el siguiente: ¿Véis cómo aquí sí me dan dos años? ¿Quién se ha equivocado entonces? El 8 de julio Ramos fichaba por el PSG y hoy, 1 de noviembre, aún no ha debutado. Teniendo en cuenta que el último partido que jugó Sergio fue el de vuelta ante el Chelsea en Londres y que ese encuentro se disputó el 5 de mayo, Sergio Ramos lleva sin jugar al fútbol la friolera de 180 días, o sea 6 meses. Y lo que empezó siendo un problema físico ha acabado en convertirse (y cito aquí a Cristóbal Soria que lo dijo anoche en El Chiringuito) en una sensación. Las sensaciones que tiene Sergio no son buenas y ya no se pone un plazo concreto para su reaparición.

Estoy seguro de que si Sergio Ramos hubiera estado bien asesorado hoy estaría en el Real Madrid. Si, como todos los que le queremos de verdad, hubiera aceptado lo que el club le daba, hoy Sergio no habría jugado aún, le quedarían 8 meses de su contrato por un año y nadie pondría en tela de juicio que el Real Madrid, generosísimo en situaciones similares, no tendría mayor inconveniente en ampliarlo otro año más. Pero ni París es Madrid ni el PSG es el Real ni, por cierto, el periodismo deportivo español, que comía de su mano, es el francés, de ahí que hoy Le Parisien haya pronunciado la palabra maldita: "rescisión". ¿De qué nos habla todo esto? Pues esto lo que nos dice es que la carrera de Ramos no está dirigida por profesionales sino por familiares, por un lado, y agradaores por el otro. Es imposible evitar que, visto lo visto, el aficionado madridista no piense que en esta historia vuelve a haber un claro ganador, que es de largo Florentino Pérez, y que el club está en buenas manos. Si hoy hubiera una asignatura universitaria que se llamara, por ejemplo, "negociación profesional en el deporte", el caso Ramos se pondría como ejemplo de lo que no hay que hacer. Está claro que al final es el jugador quien toma la decisión pero si a tu alrededor tienes familiares que te dicen que eres el mejor y que por ti no pasan los años y pelotas que repiten lo que dicen los familiares, si no tienes los pies en el suelo estás muerto. Y eso es lo que, desafortunadamente, está sucediendo con Sergio. No contentos con arruinarle los últimos años de su carrera deportiva profesional, los agradaores insisten en querer hacernos ver que ellos tenían razón y que los demás están equivocados. Pero nunca hubo confusión posible porque, en este caso, los diez mandamientos se reducen a uno sólo: "Nadie está nunca por encima del club. Nadie. Nunca". ¿Qué parte no entendísteis? ¿Nadie? ¿Nunca? ¿O fue club?

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