El penúltimo raulista vivo

El cartel

Una película de Sidney Lumet del año 1986 retrata muy bien todo esto y el tipo de sociedad que nos ha tocado vivir. Richard Gere interpreta a Pete St. John, que es un poderosísimo consultor político con clientes por todo el país. St. John es un mago de la imagen, capaz de convertir a un hombre absolutamente mediocre pero con mucho dinero en gobernador por ejemplo de Arizona y quien sabe si en el próximo presidente de los Estados Unidos. Uno de esos hombres mediocres pero forrado de pasta se dirige a él porque quiere ser precisamente gobernador, ya no recuerdo de qué estado. Durante el rodaje de un spot, St. John le sube a un caballo y, con una música muy americana de fondo, una voz en off empieza a decir lo bueno que es, un hombre hecho a sí mismo, el triunfo del sueño americano y patatín y patatán... Vamos, el anuncio de Marlboro. Pero en ese momento el caballo se desboca, sale corriendo y el hombre mediocre acaba rodando por los suelos. Cuando St. John, o sea Richard Gere, ya va a dar por perdido el rodaje se da cuenta de que congelando la imagen justo en el instante anterior a que el caballo tire a su cliente al suelo, parece justo todo lo contrario, o sea que es él quien controla al animal y no al revés. Y es lo que hace, congela la imagen. Al final, el hombre mediocre pierde por poco. El dinero no lo puede todo.

Hoy llevamos todo el día hablando de una lona de mil metros cuadrados que el abogado y precandidato a la presidencia del Barcelona, Joan Laporta, ha instalado en el edificio sito en el Paseo de la Habana número 15. El cartel, que reza "Ganas de volver a veros", mira al estadio Santiago Bernabéu, que se encuentra a cien metros escasos de distancia. Es una broma, un guiño, pero en el fondo esconde cierto tufillo a mediocridad. Quiero decir que si a un candidato a la presidencia del Real Madrid se le ocurriera hacer algo semejante o convertir al Barcelona en uno de los asuntos centrales de su campaña, sinceramente no creo que los socios le votaran. Pero Laporta ha ganado la batalla, al menos la de hoy, porque ha obligado incluso a su máximo oponente, que es Victor Font, a salir a responder. Lo ha hecho con aparente calma, con una sonrisa forzada, pero lo ha hecho. Font ha dicho una verdad como un templo de grande y es que ningún cartel, y menos uno a cien metros del estadio Santiago Bernabéu, va a solucionar el gravísimo problema económico que tiene el club, pero a la gente ya no le importa la verdad, el personal prefiere el cartel porque la idea que subyace es la de que Laporta va a ir con todo a por el Madrid. Como en la película de Lumet no importa lo que es sino lo que tú piensas que es. No importa que el caballo de la quiebra acabe tirando al suelo a Joan Laporta, importa que su equipo de marketing congele a tiempo la imagen para que parezca que el candidato tiene controlada la situación cuando en realidad no es así.

Joan Laporta conoce mejor al socio culé que Font y sabe que no quiere ni oír hablar de la crisis. No quiso saber el coste real del fichaje de Neymar, se le hizo la vida imposible al pobre socio que se tomó la molestia de preguntar dónde iba su dinero, como para preocuparse ahora de los grandes números, y menos aún si son todos rojos. No, qué va, el socio culé lo que quiere es echarse unas risas prenavideñas, recordar tiempos mejores y, ya que no pueden juntarse durante estas fiestas, imaginarse a Florentino Pérez irritadísimo porque al subir las persianas de su despacho ve a su enemigo Jan. Font comete un error si piensa que va a ganar las elecciones diciéndole al socio que el Barcelona está en la ruina, que en noviembre se registró una pérdida de 115 millones y una reducción del 14% de los ingresos y que ha sido necesario pactar un ajuste salarial de 200 millones con los jugadores. Laporta no quiere contrastar programas, Laporta lo que quiere es montar a caballo y dar la sensación de que lo tiene todo controlado. Y así ganará probablemente.

Laporta no es un buen gestor, de hecho la situación actual tiene más que ver con él que con Bartomeu, y se topó con una generación única de futbolistas que protagonizó una etapa dorada del Barcelona, pero la afición culé interpreta que es el único de todos que puede mirar fijamente y a los ojos a Florentino. Si Font quiere ganar, y si se presenta es porque quiere hacerlo, debe olvidarse de sacar el tema del dinero, los cascotes del Camp Nou o la marcha de Leo Messi: económicamente el club es una balsa de aceite, el Camp Nou es una de las grandes edificaciones europeas junto a Notre Dame, la Catedral de Burgos y el Duomo, y Messi no sólo no se va a marchar sino que va a ampliar su contrato y va a ser joven hasta 2030. A nadie le importa la verdad ya, decirla penaliza. Para empatar con Laporta a Font sólo le queda meter un inmenso muñeco hinchable con su cara en la sala de trofeos del Bernabéu y que todos hablemos de su gran chorrada. Y si el Barcelona acaba convertido en Sociedad Anónima Deportiva, lo tiene fácil: una pancarta de 50 por 20 en la que pueda leerse "Madrid nos roba". Y esto es to, esto es to, esto es todo amigos.

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