El penúltimo raulista vivo

Bolsonaro, 1 - Combinado FIFA-CONMEBOL-CBF-AFA, 0

Si algo confirmó (entre otras cosas) el traspaso truncado de Mbappé al Madrid es efectivamente la necesidad de la creación de una Superliga. ¿Por qué digo esto? Pues lo digo porque en unas circunstancias normales, con un club propietario del futbolista normal y un dueño normal del club de origen, a estas horas el crack francés ya habría sido presentado con su camiseta limpia y blanca que no empaña en el estadio Santiago Bernabéu. Pero ni el PSG es normal puesto que es un club Estado ni su dueño es un propietario convencional puesto que se le caen los fajos de billtes de 500 euros mientras va caminando y además se jacta de ello. Y, y aquí es donde tiene encaje la creación de la Superliga, estas dos anormalidades deportivas son consentidas, cuando no directamente alentadas, por la UEFA, que es dueña y señora de una competición manchada, podrida, puesto que acepta que unos clubes (PSG y City fundamentalmente) jueguen con unas cartas mientras que al resto de clubes históricos europeos, paradójicamente aquellos que fundaron la UEFA, les condena a las galeras de tener que jugar con otra baraja. Así que, además del mero asunto de la supervivencia económica, está también el de la pura justicia deportiva. No hay más que recordar la actitud chulesca de Ceferin hacia Real Madrid, Barcelona y Juventus para darse perfecta cuenta de que UEFA no quiere asociados sino que pretende vasallos.

Esta relación de vasallaje pudo comprobarse hace pocos días con respecto a la cesión por parte de los clubes de sus jugadores a las selecciones. FIFA nunca ha sido permeable con los equipos de fútbol, que en su gran mayoría son sociedades anónimas y tienen sus propios intereses deportivos y económicos. Los clubes lo ponen todo, ponen jugadores, ponen historia, ponen aficionados, ponen el campo y, sobre todo, pagan millonariamente a sus estrellas. Y FIFA, o UEFA cuando toca, o CONMEBOL, hacen lo que les sale del níspero. La primera, o sea FIFA, decidió el pasado 24 de agosto ampliar dos días los parones de selecciones en Sudamérica sin encomendarse ni a Dios ni al diablo ni, por supuesto, a los clubes. Lo decidió porque sí, porque FIFA lo vale. Sólo en España, esa decisión afectó a 25 jugadores y a 13 equipos, que lógicamente se rebelaron. Vamos, puede que "rebelión" no sea el término más ajustado. La Liga mostró su respaldo a los clubes españoles afectados, que ya es mucho porque habitualmente Tebas juega en contra de sus empleadores, y a lo máximo que llegó fue a hablar de "ausencia de sensibilidad". ¿Alguien se imagina a Annie Chapman quejándose de la falta de sensibilidad de Jack el destripador mientras éste la cortaba en trocitos? ¡Hay, Jackie, qué insensible eres, hijo! Pues esto es lo mismo: acusar de falta de sensibilidad a alguien que carece de ella no sirve absolutamente para nada, es un canto al sol, como la canción de María Ostiz.

Ayer se produjo un hecho insólito cuando, a los 5 minutos de haber empezado el partido entre Brasil y Argentina, las autoridades sanitarias brasileñas irrumpieron en el campo para sacar del mismo a rastras a cuatro futbolistas argentinos que, según esas mismas autoridades, no habían respetado el protocolo brasileño del Covid 19. Según Anvisa, que es la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria, Emiliano Martínez, Cristian Romero, Lo Celso y Buendía mintieron cuando, al cruzar la frontera, omitieron el hecho de que habían pasado por uno de los tres países que están restringidos para contener la pandemia, pero luego resultó que habían estado en el Reino Unido. Lo que dicen las autoridades sanitarias brasileñas es que se les pidió permanecer aislados en espera de la deportación y no sólo no lo hicieron sino que se trasladaron al campo y, no contentos con ello, tres de esos cuatro futbolistas jugaron como titulares con Argentina. ¿Por qué Argentina alineó a Martínez, Romero y Lo Celso sabiendo como sabía que las autoridades sanitarias brasileñas estaban tras la pista? Pues el seleccionador argentino hizo eso porque sentía el respaldo de AFA, de CONMEBOL y de FIFA. ¿Y por qué AFA, CONMEBOL y FIFA forzaron tanto la situación? Pues porque, como UEFA, FIFA se siente por encima de cualquier legislación nacional, y no sólo deportiva, y porque FIFA no tiene asociados sino vasallos que rinden pleitesía.

Ayer, en medio del escándalo, a Messi se le veía decir claramente eso de "nos está viendo el mundo". Claro, Leo, por eso Anvisa paró el partido, porque ese Brasil-Argentina se estaba viendo en el mundo entero. ¿Quién ha elegido a Infantino? ¿Y a Ceferin, quién ha elegido a Ceferin? ¿Y a Alejandro Guillermo Domínguez Wilson-Smith, que es el presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol, quién lo ha elegido? Porque a Jair Bolsonaro lo eligieron en 2018 un total de 57.797.847 ciudadanos brasileños. Y es precisamente es esa fuerza, la que le otorga cerca de sesenta millones de votos, la que impulsó ayer a Anvisa a parar un Brasil-Argentina en el minuto 5 de partido. FIFA pensó que no se atreverían porque, como decía Messi, el mundo entero lo estaba viendo, y las autoridades sanitarias brasileñas se atrevieron precisamente por eso, porque el mundo entero lo estaba viendo. Lo que vimos ayer es el fruto de demasiado tiempo de invulnerabilidad, demasiado tiempo creyéndose intocables, inalcanzables, por encima del bien y del mal y, por supuesto, por encima de la legislación nacional vigente correspondiente y de quien la promulga. Pero, y a la vista está, FIFA no es Dios y cuando la pinchan sangra. Quién sabe qué sucedería si la pincharan todos a la vez, lo mismo se moría desangrada, ¿no?

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