El penúltimo raulista vivo

Barcelona: tot el camp es un catacrack

La situación económica por la que atraviesa actualmente el Fútbol Club Barcelona es un poema, pero no uno de amor, no, sino uno triste, uno del estilo de Me sobra el corazón de Miguel Hernández, cuando dice aquello tan bonito (pero tan descorazonador) de "Hoy estoy sin saber yo no sé cómo, hoy estoy para penas solamente, hoy no tengo amistad, hoy sólo tengo ansias de arrancarme de cuajo el corazón y ponerlo debajo de un zapato". Pues así de triste es ahora mismo la poesía culé porque ni para zapatos hay, de modo que de la prosa ni hablamos. Este lunes se ha hecho pública la memoria económica anual y el Barcelona reconoce tener un pasivo de 1.173 millones de euros, de los cuales 730 corresponden a deuda a corto plazo: 265 millones en deudas con entidades de crédito, casi 3 en obligaciones, 164 en deudas con el personal deportivo y otros 298 kilos en otros conceptos. El club catalán cerró la pasada temporada con una deuda neta cercana a los 489 millones de euros y está luchando para retrasar los requerimientos al menos hasta el próximo 30 de junio, así de extrema es la situación.

En lo tocante a la relación a corto plazo (o sea el dinero que tiene que pagar ya) del Barcelona con otros clubes, el catalán debe hasta de callarse: al Liverpool 29 millones por Coutinho, al Ajax 16 por De Jong, 10 al Girondins por Malcom y al Sporting de Braga 9,6 por Trincao; a largo plazo la cosa se pone peliaguda porque aún quedan por pagar 48 millones por De Jong y 40 más por Coutinho, y todo eso sin entrar tampoco en mayores profundidades como, por ejemplo, que se le deban 241.000 euros al Villarreal por Denis Suárez o casi dos millones y medio al Eibar por la recompra de Cucurella, que desde hace dos años juega en el Getafe. Y luego, en el capítulo de bromas aparte, aparecen por ejemplo los 5 millones que se le deben al Palmeiras por el fichaje de Matheus Fernandes, que fue cedido al Valladolid (en el que apenas jugó) nada más ser contratado y que lleva en el primer equipo desde agosto para haber disputado la friolera de 17 minutos contra el Dinamo de Kiev: he tenido que acudir a San Google para verificar que sí, que efectivamente Matheus Fernandes sigue en el Barcelona y tiene el dorsal 19, aunque llevarlo lo lleve más bien poco. Es tan terrible la situación, resulta tan abracadabrante, que seguramente más de un socio veterano echará de menos al mejor y más efectivo y activo mecenas que ha tenido el club azulgrana a lo largo de toda su historia, el general Francisco Franco, que rescató hasta en dos ocasiones distintas al Fútbol Club Barcelona de la ruina y por lo que fue condecorado no una, ni dos sino tres veces por el equipo catalán. Pero Franco, que lleva muerto desde 1975, no puede ayudarles. Ya no.

El poema de Miguel Hernández acaba así: "No sé por qué, no sé por qué ni cómo me perdono la vida cada día", y el del Barcelona lo hace (por el momento) con unas declaraciones de Joan Laporta, que es el candidato mejor colocado para ganar las elecciones a la presidencia del club, en las que acusa al Paris Saint Germain de querer desestabilizarlos con Messi, y añade: 'Difícilmente puede afrontar una operación de este calado si, como he leído, presenta tantas pérdidas'. Dijo la sartén al cazo: quita de ahí, cochinazo. Lo que (si es un hombre sensato, cosa que duro) Laporta debería valorar con respecto a la frase de Leonardo del otro día sobre que tiene un sillón esperando para Messi no es, como él dice, la desestabilización sino justamente todo lo contrario, ese horizonte de cierta estabilidad financiera que empieza a ofrecerle el director deportivo brasileño. Lo que el club parisino, que también tiene problemas, está ofreciéndole al Barcelona es la posibilidad de desembarazarse de un pasajero que sería molestísimo incluso para un club con sus cuentas saneadas, que no es el caso. El otro día se supo, porque lo desveló la Ser, que si el Barcelona no había indemnizado aún a Setién tras su despido es porque iba a acudir a los tribunales de justicia alegando, entre otras majaderías de menor calado, que el técnico no era apto para su trabajo porque había prometido que el equipo iba a jugar bien... ¡y no lo hizo! Vamos, que Setién prometió lo que prometen todos los entrenadores de fútbol del mundo.

O sea, en el Barcelona hay alguien con mando en plaza que piensa en serio que un juez va a tumbar la indemnización porque Quique prometió que se iba a jugar bien y luego el Bayern les metió ocho. Laporta vive en Laportalandia del mismo modo que Mundo Deportivo, que hoy publica las pérdidas de 204 millones del PSG, vive en Santinollalandia y el periodista de RAC 1 que le preguntó a Tusquets si se podía fichar a Neymar vive en Racunolandia. Todo esto resulta inaudito y es justamente (y este es un mensaje para los madridistas) lo que no quiere Florentino Pérez para el Real Madrid y de lo que trata de huir con una escrupulosidad financiera tan estricta que, a veces, nos indigna a los propios madridistas. Porque muy pronto, y si alguno de los herederos de Franco no lo impiden, el Fútbol Club Barcelona tendrá que sacar a subasta sus sextetes y hasta el palo de la bandera del córner deberá vender si no quiere acabar en bancarrota y convertirse en lo que en su día fue por ejemplo el Milan. La marcha de Messi es una liberación pero desafortunadamente para el club catalán no hay nadie en el presente del club ni tampoco en su futuro con los redaños necesarios para decirlo en público. Para posters delante del estadio Bernabéu sí queda pero no hay ni un euro para pagar las nóminas de los jugadores. Tot el camp es un catacrack.

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