El penúltimo raulista vivo

A la santidad a través del periodismo deportivo

Es posible que en el periodismo deportivo español, que es el que conozco más de cerca, haya por ahí algún espíritu puro, alguien desprovisto de prejuicios y absolutamente imparcial: yo no lo conozco. No conozco espíritus puros en el periodismo deportivo aunque no me desanimo, aún me queda algún tiempo en la profesión. Todo es posible. Como dice el replicante Roy Batty en su monólogo final de Blade Runner, "yo he visto cosas que vosotros no creeríais". Por eso me resulta tan entrañable, por improbable, observar cómo periodistas abiertamente declarados antimadridistas juegan (otra vez) a apropiarse de una victoria de la selección nacional española en un torneo amistoso semiclandestino que la UEFA se sacó de la manga para ganar dinero y estrechar aún más el calendario con el único fin de pasarle la factura a ese sector de la afición que, por fas o por no fas, hace tiempo que desconectó de este equipo y de este entrenador. Su intención no es tanto la de disfrutar del 1-2 del Giuseppe Meazza como la de restregarle fundamentalmente al madridismo que, después de décadas sin hacerlo, Italia perdiera en su propio terreno de juego con Luis Enrique en el banquillo y Gavi como titular. Es probable que haya quien utilice a Luis Enrique para zarandear al antimadridismo pero es seguro que el periodismo antimadridista instrumentaliza al entrenador asturiano para golpearle donde más duele a un sector importante de aficionados, seguidores que se sienten huérfanos de su propio seleccionador nacional.

No es, por supuesto, ni la primera ni la última vez que esto sucede. Las Eurocopas de 2008 y 2012 no las ganó España sino el Barça, fue su estilo y fueron sus jugadores los que obraron el milagro. La del 64, que pilla más lejos, sí la ganamos todos, las dos últimas no. Las dos últimas Eurocopas las ganaron Xavi, Iniesta, Puyol y Piqué jugando a lo que quería Guardiola y que llevaban a la práctica robóticamente Luis primero y Del Bosque después. Como el Mundial de 2010. Aquel Mundial lo ganó Iniesta, Casillas por ejemplo pasaba por allí. Así que es lógico, poco sorprendente y casi matemático observar cómo el periodismo antimadridista utiliza a Luis Enrique contra los madridistas. España les importa un bledo, lo que les importa es hacer sangre. Pero en esa carrera por el "y tú más" a la que seguramente yo también contribuyo, hay líneas rojas que no se pueden traspasar como, por ejemplo, recordar la tragedia personal del seleccionador para chantajear moralmente a sus críticos. Eso, querido, sí que no es periodismo. Eso tiene otro nombre.

Las lecciones a la Universidad, si es que aún hay por ahí algún alumno que las compre. Y los ejemplos de integridad y bondad personal directamente al ministerio de la santidad que dirigía, no sé si aún lo hace, el cardenal Angelo Amato. Porque aquí no hay ni profesores de ética ni, por supuesto, ningún santo. ¿Llegará el día en el que nadie se apropie para un club determinado de los triunfos de España? Puede que llegue pero yo no creo que lo vea. Luis Enrique, lo he dicho un millón de veces, tiene por delante una tarea complicadísima, la de reflotar un equipo que ha perdido a sus buques insignia. Es un buen entrenador, eso sin duda, pero es un buen entrenador al que le pierden sus formas y que habla más bien poco de fútbol, probablemente porque piense que no vamos a ser capaces de entenderlo. Esas formas que hoy parecen no importar al maestro Ciruela, que no sabía leer y puso escuela, eran más o menos las mismas formas de Mourinho que no se podían consentir de ningún modo. Con una diferencia, José Mourinho dirigía a un club privado mientras que Luis Enrique dirige a un club que antes (ahora ya no lo sé) era de todos.

Gavi, por ejemplo, jugó ayer un partido muy bueno y no le tembló en absoluto el pulso pero, con 1-2 o con 3-3, su convocatoria fue precipitada y en absoluto razonada. Quiero decir que Luis Enrique no razonó por qué Gavi sí y Brahim o Raúl de Tomás no. Es como si España fuera propiedad no sólo de Luis Enrique sino de sus acólitos, como si los demás tuviéramos que asistir a sus decisiones sin rechistar porque sabemos menos o somos menos españoles que ellos. Y yo ese postre no me lo como. Por lo demás, conviene contextualizar lo que pasó ayer, y lo que pasó ayer es exactamente que España ganó a Italia en su campo en las semifinales de la Liga de Naciones de la UEFA. En la Eurocopa, que es la que vale, fuimos cuartos. A Miguel Muñoz, que en paz descanse, le fusilaron al alba por llegar "sólo" a la final del 84 contra Francia y perderla por un error de Arconada. Si queréis buscar la santidad buscadla en otro sector. Para ganar el cielo llamad al Papa. Al emérito, claro, no al actual.

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