Artículos de viaje

Un sorprendente lugar de la piel de toro llamado... Toro

Si hay algo que me gusta de España es la capacidad que tiene, todavía, de sorprenderme. Uno va por una planicie que da la impresión de estar semideshabitada, llega a una ciudad pequeña, probablemente aburrida y casi seguro que bastante fea, se baja del coche por alguna razón banal como que llevar mucho tiempo conduciendo o tener ganas de ir al baño...

Y de repente esa ciudad es, pongamos por ejemplo, Toro, y no es aburrida y dista mucho de ser fea y tiene dos o tres monumentos que darían el pego, si me permiten ustedes la expresión, en cualquier capital europea.

Así se las gasta este país nuestro en el que donde menos se espera salta la maravilla. Y antes de que se me pongan de los nervios los torensanos en particular o los zamoranos en general, les diré que Toro es razonablemente conocida en España, pero imaginen que el hipotético conductor del que les hablaba fuese un americano haciendo una extraña e improbable ruta en coche por el viejo continente.

Majestad

Pero no ya a nuestro hipotético guiri, es que Toro me ha sorprendido a mí, que suelo estar medianamente al tanto de lo que visito y que, perdonen la inmodestia, tengo un cierto conocimiento de las cosas que la historia ha ido desperdigando por los campos españoles.

La mayor y monumental sorpresa ha sido una parte, sólo una parte, de la Colegiata de Santa María la Mayor: monumental iglesia principal de la ciudad, con proporciones y belleza de Catedral y algunos detalles que, además, le dan originalidad.

Entra uno desprevenido pero animado por ese cimborrio tan zamorano y dentro, como quién no quiere la cosa, te invitan a conocer la Portada de la Majestad.

Una experiencia, por cierto que quizá cambie en épocas más agradecidas para el viaje y con más turistas, pero que en un viernes al final del otoño - principio del invierno tuvo un encanto especial, un punto artesanal, una cosa.

La Portada está, obviamente, en el exterior de la iglesia, aunque esté en un porche expandido con el tiempo hasta convertirse en un recinto cerrado que ha tenido mucho que ver en su casi milagrosa conservación. En cualquier caso, para verla hay que salir de la iglesia, lo que nos lleva a un proceso como de pueblo: tú avisas y pagas un eurito y cuando hay dos o tres personas esperando una amable chica cruza contigo la Colegiata, te abre personalmente la puerta y te espera, con un frío de importancia, mientras tú te deleitas.

No les voy a describir la puerta, para eso mejor miren las fotos, pero sí les diré que sólo por verla valdría la pena ir hasta Toro desde Madrid, por poner un ejemplo. Pero es que en el mismo pack entrarán más cosas...

Casas y museos

Por lo pronto, tiene Toro un casco viejo bastante interesante, con una calle con viejos soportales que va desde la curiosa Torre del Reloj hasta la Colegiata, con tiendas y bares de los de antes, de esos llenos de encanto y paisanos.

Tiene también casas de una arquitectura castellana vieja que ya no es tan fácil encontrar: edificios de dos y tres pisos con artesonado de madera y un ladrillo tan pobre modesto como bello en esa pobreza y modestia.

Y por tener, tiene Toro hasta un peculiarísimo y muy interesante museo de arte sacro, que lo es tanto por algunas de las imágenes y obras que alberga como por el espacio que ocupa: la Iglesia de San Salvador de los Caballeros, en parte románico y en parte mudéjar y con un interior tan original como que, quizá no la recuerde, pero juraría que no he vista otra iglesia similar en España.

No creo que necesiten mucho más para saber que deben ir, combínenlo con días en Zamora o vayan sólo a Toro, o disfruten del campo Zamorano o del enoturismo cada día más de moda. Háganlo como sea, pero ya están tardando en ir.

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