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Londres, una gran ciudad a la que viajar con niños

Si tienen ustedes hijos de pocos años pero que ya empiezan a tener edad de viajar (pongamos a partir de cinco) seguro que se ha preguntado en alguna ocasión qué ciudad es adecuada para llevarlos o, en el sentido inverso, si esa gran ciudad a la que a usted le apetece ir es idónea para ir con sus pequeños.

Pues bien, empecemos por decirlo con absoluta claridad: Londres es, sin duda, esa gran ciudad a la que ir con niños.

Y lo es porque es cómoda, civilizada y elegante; porque está llena de cosas y detalles que les llamarán la atención; porque tiene atracciones perfectas para los más pequeños de la casa; y, en definitiva, porque será un viaje que seguro que recordarán pese a su corta edad.

Así que, aprovechando que gracias a los Juegos Olímpicos es sin duda uno de los destinos de moda en Europa, quizá este 2012 sea la ocasión idónea para la capital del Imperio Británico, ¡no espere a que sus hijos se hagan mayores!

¿Museos? ¡Por supuesto!

Soy un gran convencido de que hay que llevar a los niños a los museos, básicamente porque es la única forma de que aprendan a ir a museos. Por supuesto, la oferta cultural y museística de Londres es apabullante y, como no, hay cosas perfectas para los pequeños.

Probablemente lo mejor es el espléndido Museo de Historia Natural, un gigantesco edificio lleno de ese tipo de cosas que les dejará con la boca abierta: esqueletos de dinosaurios, enormes reproducciones de animales a tamaño real (la sala en la que se puede ver una descomunal ballena azul es de lo mejor que he visto nunca), diferentes mecanismos que accionar y con los que aprender física... e incluso una reproducción de un terremoto que nos pone los pelos de punta a los mayores y para los niños es una pequeña fiesta.

Más arduo para ellos es el British Museum, pero tampoco hay que descartarlo. En primer lugar porque sería un pecado para los padres, en segundo porque, con las dosis justas, puede resultar muy interesante para los niños. Por ejemplo, la zona de la civilización egipcia, con sus momias y sus ajuares; las monumentales y amenazantes estatuas asirias; o los restos de cualquier otra misteriosa e interesante civilización antigua.

En las alturas

Probablemente lo más impactante para los niños de todo el viaje a Londres sea la monumental y sofisticada noria erigida al borde del Támesis, el London Eye. Hay que advertir que es una atracción considerablemente cara, pero como suele decirse en estos casos, para una vez en la vida vale la pena hacer el gasto.

La propia estructura es francamente espectacular y las vistas son, obviamente, maravillosas, sobre todo al poder apreciarlas desde distintas alturas según la enorme cabina acristalada va subiendo y bajando.

Personalmente, me pareció más hermosa todavía la vista desde la gran cúpula de la catedral de San Pablo, todo un reto con centenares de escalones que, tomados como un juego, pueden ser toda una fiesta para los pequeños. Al menos, eso ocurrió con mi hija (de cinco años y medio) que en contra de cualquier previsión nos dejó a los demás sin aliento escaleras arriba.

Por el agua

Un trayecto por el Támesis será, sin duda, otro de los puntos fuertes del viaje para los pequeños, no en balde el barco es un medio de transporte poco habitual y, por tanto, suele contar con ese plus de aventura y jolgorio con el que los niños premian lo poco habitual.

Por un precio razonable, por ejemplo, se puede viajar desde los muelles junto al puente de Westminster hasta la Torre de Londres, río abajo. El trayecto tarda algo más de media hora y en él se ven algunas atracciones que pueden interesar mucho a los pequeños, como el HMS Belfast, un gran barco de guerra que sirvió en la II GM y que hoy en día ha sido convertido en museo.

Por cierto, la propia Torre de Londres será también una visita que gustará a los pequeños: los beefeaters y sus curiosas vestimentas, las habitaciones antiguas y, sobre todo, las joyas de la corona y las viejas y relucientes armaduras son un conjunto en el que, con los oportunos descansos y corriendo y saltando entre los distintos edificios, los pequeños seguro que disfrutarán.

De tiendas

Ir de tiendas es una distracción más en Londres, incluso sin una tarjeta de crédito rebosante algunos comercios son tan especiales que deben ser parte de nuestro recorrido turístico.

Y si viajan con niños, sin duda uno de ellos es Hamley’s, la impresionante juguetería de cinco plantas Regent Street que es algo así como la imagen que todos teníamos del cielo de pequeños. La tienda no sólo tiene todos los juguetes que imaginarse puedan, sino también demostraciones, talleres, dependientes que hacen juegos de magia... Incluso sin entender el inglés sus hijos se quedarán fascinados ante algunas de las actividades.

Menos grande pero más lujosa es la planta de juguetes de Harrod’s, en sintonía con el resto de esos grandes almacenes que son mucho más que una tienda. Para que se hagan una idea: si quieren comprar un gorila de peluche de tamaño natural por sólo 1.100 libras, este es el lugar, pero también si quieren comprar muñecas de cualquier tipo, caballitos, cochecitos... lo malo es que lo querrán comprar todo (menos el gorila, esperemos).

Por último, no dejen de disfrutar de los muchos parques y jardines que les ofrece la ciudad, y especialmente de un lugar que volverá locos a sus hijos si todavía están en edad: la zona de juegos infantiles Memorial Princesa Diana, al norte de Kensington Gardens, un auténtico tesoro para los más pequeños que en lugar de conformarse con los habituales toboganes y columpios tienen a su disposición un barco pirata, tipis indios, un auténtico fuerte...

En definitiva, si están pensando en un viaje familiar y quieren disfrutar de ver como disfrutan su hijos o sobrinos no lo duden, Londres es el lugar.

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