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Lerma y Covarrubias, un viaje a la cuna de Castilla

Pueblos sorprendentemente monumentales, deliciosos espacios naturales, villas que parecen detenidas en el pasado y una carga de historia que en pocos lugares de España se concentra en tan poco espacio como en el valle del Arlanza, entre Lerma, Covarrubias y, un poco más allá y aunque no esté en la ribera misma del río, Santo Domingo de Silos.

Llegando desde Madrid nuestra ruta empezará por Lerma, en el desvío de la A1 que tomaremos para, después de recorrer algunas calles más anodinas, llegar a la parte monumental de la villa, que como suele ocurrir está situada en lo alto.

Calles empedradas con viejos soportales, casas con estructura de madera y, por supuesto, el impresionante conjunto que en un tiempo récord de sólo un par de décadas cambió para siempre la ciudad y que incluye espacios como la enorme Plaza Mayor y edificios como la ex Colegiata de San Pedro, el propio Palacio Ducal y media docena de monasterios.

Todo en esa parte monumental de Lerma es más grande, más lujosa (al austero modo castellano, claro) y más espectacular de lo que uno esperaría encontrar en una villa así, mientras que el resto tiene todo el sabor y el encanto de un pueblo de Castilla.

Nos despedimos de Lerma, echando un vistazo al camino que vamos a seguir desde el mirador de los Arcos o del Obispo. Nuestra ruta correrá paralela al río Arlanza y desde su ribera podremos disfrutar de una vista, la de la ciudad monumental en lo alto asomándose a un precipicio de varias decenas de metros, que de verdad les digo que no es fácil encontrar en España.

En Covarrubias, un paseo siglos atrás

Covarrubias es todavía más perfecta, como villa medieval, que Lerma. Más pequeña también pero con un grado de conservación que sin duda alguna les dejará boquiabiertos. Dentro del casco histórico de Covarrubias, delimitado por la muralla y el río, no hay nada que nos distraiga de esa sensación de estar muchos muchos años atrás.

Es considerada la Cuna de Castilla porque en ella descansaba Fernán González, el primer conde de lo que luego sería el reino más poderoso de España. Luego, su hijo García Fernández la convirtió en capital y, en cierto sentido, ahí parece varada, poquito antes del año mil.

Aunque, eso sí, muy poco de lo que vemos llega desde tan lejos en el tiempo: la Torre de Fernán González o "de la Emparedada", los tramos de muralla aún en pié...

Pero lo más bonito de Covarrubias, más incluso que la Colegiata en la que descansan los primeros condes de Castilla junto a una princesa noruega muerta de melancolía, son sus calles y plazas de casas blancas en las que se ve el entramado de madera que las sostiene.

La Yecla, Silos, monasterios...

Conseguiremos reunir los ánimos para dejar Covarrubias pensando en lo mucho que tenemos todavía por ver: siguiendo nuestra ruta previamente trazada llegaremos al desfiladero de la Yecla, un espectacular espacio natural en el que un pequeño río, el Cauce, ha partido en dos la montaña como si lo hubiese hecho una espada, dejando en algunos puntos un escaso par de metros entre las paredes.

Es las altas rocas junto a la garganta tiene sus nidos una colonia en la que se calcula que hay un centenar de parejas de buitre leonado, cuyo vuelo es algo así como el colofón a lo que las rocas, los árboles y el cauce del Cauce nos ofrecen.

No mucho más allá un bosque con árboles milenarios, los Sabinares del Arlanza, que se diría que nos preparan para nuestra siguiente parada: Santo Domingo de Silos y allí, por supuesto, el famoso monasterio.

Quizá un poco decepcionante su exterior, no teman, entren y disfruten de uno de los más bellos claustros románicos de España y, si me apuran, del mundo. Después escucharán, o no, los cantos gregorianos, pero en cualquier caso tendrán la sensación de que su viaje les ha llevado no sólo al corazón de Burgos o a la cuna de Castilla sino a un territorio situado mucho más allá: el de un tiempo pasado que ya no nos pertenece.

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