Artículos de viaje

La evolución humana se convierte en museo en Burgos

Hablábamos hace un par de meses por aquí de la inauguración del Museo de la Evolución Humana de Burgos. Por los comentarios de los lectores descubrimos (estas informaciones no siempre llegan a Madrid) que el proyecto había levantado una buena polémica en la ciudad castellana.

Por supuesto, este tipo de iniciativas suelen tener un lado polémico y en no pocas ocasiones su coste económico es disparatado (no sé si este es el caso del MEH) pero una vez puestos en marcha, elevados los polémicos edificios y gastado el dinero el análisis que debemos hacer en un espacio destinado al turismo como éste debe circunscribirse a una pregunta sencilla: ¿Vale la pena ir?

En mi opinión, en el caso del MEH la respuesta es sí, sin duda. En primer lugar por el polémico edificio que he de decir que a mí sí me gusta: es un impresionante cubo de acero y cristal diseñado por Juan Navarro Baldeweg. Está en pleno centro de la ciudad pero sin afectar de verdad al casco histórico y resulta un edificio muy moderno, hermoso y con el punto de espectacularidad que hoy en día se le pide a este tipo de obras, en las que el continente es casi tan importante como el contenido.

El museo se ha construido alrededor de lo encontrado en Atapuerca e incluso se evoca el aspecto de la sierra en la que se encuentra, de la que se reproducen, tanto en el interior como en el exterior, las plantas y especies vegetales habituales. Más aún, en el proyecto arquitectónico se decidió que todo lo relativo al yacimiento esté en la planta -1, con lo que hay que descender y se transmite un poco una sensación de excavación que es de lo más apropiada.

Por supuesto, la explicación de todo lo encontrado en Atapuerca y de la historia de cómo se descubrieron las cuevas y de cómo se han ido estudiando es muy completa, pero lo más impactante es que se han ubicado allí los auténticos fósiles que han hecho que los científicos y los aficionados de todo el mundo conozcan ese yacimiento: los pocos restos del homo antecessor o los algo más abundantes del homo heldibergensis están allí, frente a nosotros, tras haber hecho un viaje en el tiempo de centenares de miles de años, ahí es nada.

Hay que decir además que la exposición está muy bien realizada, realmente es un montaje muy cuidado y el resultado es llamativo y espectacular. La forma en la que se exponen los fósiles, por ejemplo, en unas salas oscuras y con los huesos muy bien iluminados, es realmente fantástica.

El resto es, como por otra parte resulta lógico, algo menos interesante: es uno de esos museos que nace más de un impulso político que de la necesidad de exponer algo que ya se tenga, así que se nota un poco el esfuerzo por llenar el gran edificio, que a pesar de ello tiene todavía que completarse un poco más.

No obstante, esta parte también merece la visita: hay una sección importante dedicada a Darwin, con cosas curiosas como una reproducción del Beagle o una galería de nuestros ancestros tan desagradable (qué feos que éramos) como interesante; otros contenidos dedicados a Ramón y Cajal, contenidos sobre el cerebro humano...

En definitiva, un museo que puede recorrerse en una horas y que dejará en el visitante una sensación y un recuerdo muy satisfactorios.

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