Artículos de viaje

Jerusalén, la ciudad inolvidable en el centro del mundo

Si me olvidara de ti, Jerusalén, que se paralice mi mano derecha

Que la lengua se me pegue al paladar si no me acordara de ti,

Si no pusiera a Jerusalén por encima de todas mis alegrías

                                             Libro de los Salmos (137)

Quizá ninguna ciudad tenga en su nombre la magia y la mística que tiene Jerusalén, en muy pocos lugares han ocurrido tantas cosas y tan importantes y no hay otro sitio en el que la historia, siglos y siglos de una variada y ajetreada historia (la ciudad tiene unos 5.000 años), esté tan presente.

Y, por supuesto, pocas ciudades hay tan cargadas de emoción y espiritualidad: se sea o no creyente Jerusalén tiene algo especial que al buen viajero no puede pasarle inadvertido, estar en lugares que significan tanto para tanta gente hace de una visita a la capital de Israel algo más que un viaje.

¿Además de todo eso es bella? Bueno, lo es en cierta forma, pero yo diría que es más intensa que bella, no es hermosa como lo son Roma o París, ni agradable como una ciudad del norte de Europa, pero para eso ya están Roma y París y las ciudades del norte de Europa, ¿no?

Religión, espiritualidad... e historia

Jerusalén es lo que es esencialmente por la carga espiritual que tiene cada uno de sus rincones. Puede que usted, querido lector, crea en Yaveh, en Alá o en Jesucristo, o incluso puede que no crea en ninguno de los tres, pero sea como sea no podrá escapar del ambiente de la ciudad y de lo que en cada momento creen y sienten todos o casi todos los que le rodean.

Por eso, más allá de la belleza no muy deslumbrante del Muro de las Lamentaciones o el Santo Sepulcro, más allá del hermoso dorado de la Cúpula de la Roca, admirar estos lugares es una experiencia intensa, distinta, es mucho más de lo que puede verse en una fotografía, es algo que encontraremos en muy pocos lugares por mucho que viajemos y que, probablemente, recordaremos toda nuestra vida.

Y además de eso está la historia, claro, miles de años de historia han pasado – y cómo de cargados – por las estrechas calles de la Ciudad Vieja. Porque creamos o no que Él era el Hijo de Dios, Jesús de Nazaret cargó con su cruz a lo largo de la Vía Dolorosa, la misma Vía Dolorosa que nosotros seguimos con pasos que no pueden ser como los que damos en cualquier otro lado; porque allí han luchado los romanos, las huestes de los Omeyas, los cruzados y el Imperio Británico; porque allí el joven estado de Israel dio sus primeras batallas.

Perderse en la Ciudad Vieja

En otra ocasión hablaremos más detenidamente de estos lugares, cada uno de los cuales merece su propio capítulo, pero hoy seguiremos caminando por la Ciudad Vieja, visitaremos los cuatro cuartos de estrechas callejuelas, veremos los mercados y los bazares...

Hay zonas en las que el laberinto de calles se torna cuatridimensional, por así decirlo, ya que hay varios niveles verticales de casas y aceras entre los que nos perderemos irremisiblemente, aunque afortunadamente la Ciudad Vieja es tan pequeña que no nos será tan difícil volver a encontrar el camino... si es eso lo que queremos, claro.

Porque dentro de las murallas todo es distinto, ese pequeño mundo de piedra gris rosácea que es a la vez musulmán, hebreo y cristiano, esas viejas casas, la pobreza y la riqueza concentradas en un espacio tan reducido, los niños jugando en la calle como ya no juegan en nuestras ciudades.

No es lo que hay que ver tanto como lo que hay que sentir, no son los monumentos, es estar en Jerusalén, la de los Salmos, la de los Evangelios, la de Salomón y la de Saladino, nada más y nada menos.

Extramuros

Y luego está la ciudad nueva, lo que hay más allá de las murallas, que tiene también mucho que ofrecernos, aunque de una forma muy distinta, claro. Aún así no hay que dejar de recorrer zonas como la plaza Zion, una de las más vivas de la ciudad, donde los jerosolimitanos quedan y salen, donde están las tiendas y los cafés, los restaurantes y sus terrazas...

Otra visita que recomiendo es el Mahane Yehuda Market, uno de los mercados con más tradición de Jerusalén, lleno de tiendas de comida, bares y restaurantes y en el que podremos conocer una de las caras más auténticas de la ciudad.

Y, por último, una de las cosas más importante que hay que conocer en Jerusalén es el Yad Vashem, el Museo del Holocausto. Es sin duda una de esas visitas que tiene que cambiarte la vida aunque sea un poco y si alguien no sale sobrecogido de allí es que no tiene corazón, pero de eso, como de otras cosas de Jerusalén, hablaremos otro día.

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