Artículos de viaje

Guía personal para una primera visita a la Catedral de Córdoba

Qué difícil es que un monumento o un lugar al que lleva uno años deseando ir no acabe decepcionándonos, qué complicado resulta que si hemos visto miles de fotografías de un edificio o un paisaje al final, cuando lo tenemos ante nuestros ojos, no nos parezca un poco más pequeño, un poco menos hermoso o, simplemente, distinto.

Sí, este sentimiento es muy común, pero si alguno de ustedes no conoce todavía la Catedral – Mezquita de Córdoba no debe preocuparse demasiado por él: sólo unos segundos después de entrar se verá arrastrado a la profundidad del bosque de piedra ante sus ojos, sumergido en la placidez sensorial y casi espiritual que el lugar, con su tenue luz, sus columnas, sus arcos bicolores y las avenidas que se abren ante nuestra vista entre la penumbra, rota aquí ya allá por un arco o una columna sobre el que un inesperado rayo de sol se proyecta como un foco sobre el escenario.
 


Hay que madrugar

La mejor hora para que su visita sea todo lo redonda que la ocasión merece es la primera de la mañana, a eso de las ocho y media, cuando la Catedral abre sus puertas a los visitantes sólo unos pocos madrugadores están esperando. Sea uno de ellos y atraviese el Patio de los Naranjos con prisa, ya tendrá luego tiempo para él.

Logrará así ser el primero, o uno de los primeros, en entrar a la inmensa sala de columnas, una vez allí tómeselo con calma, deje pasar un tiempo antes de dar los primeros pasos, antes de hacer las primeras fotos, simplemente pasee su mirada a lo largo de las columnas, de los arcos y de los pasillos horizontales, verticales y diagonales que se abren ante usted.

Camine entonces despacio, da lo mismo en que dirección, toque las columnas, tome fotos si es imprescindible, déjese llevar de acá para allá, respire... Después puede acercarse a contemplar la parte más lujosa de las construcciones musulmanas, el mihrab y los arcos previos a él. Detenga su mirada en cada de uno de los detalles, con calma, pausadamente...
 


Bella, en el lugar equivocado

Entonces, y sólo entonces, puede conocer el templo cristiano que se construyó, siglos después de la Reconquista, para lamento e indignación del propio Carlos I (que previamente había autorizado la construcción, tras una fuerte polémica en la ciudad) y que dijo al conocer el lugar una de sus más famosas frases: "Habéis destruido lo que era único en el mundo, y habéis puesto en su lugar lo que se puede ver en todas partes".

Afortunadamente, tampoco está todo destruido, así que llegados a este punto procure abstraerse de otras consideraciones y disfrutar, que también lo merece aunque haya tenido la mala suerte de estar en el lugar equivocado, de la belleza de algunos aspectos del templo cristiano: de la impresionante sillería del coro, de la blanca y hermosa cúpula ovalada...
 


De acuerdo, como bien dijo el Emperador es lo que se puede ver en todas partes, pero está usted en la Catedral de Córdoba y no debe perderse detalle alguno...

Siga después paseando por la sala de columnas, contemple las capillas, fíjense en como los espacios añadidos posteriormente se han ido mezclando, con mayor o menor fortuna, con la arquería original. Haga fotos si quiere y, ya cerca de las 10, cuando el lugar empiece a llenarse de impacientes y sobrecogidos turistas, despídase de la belleza que le rodea y salga al Patio de los Naranjos.
 


Descanse en una sombra, preferiblemente junto a la Fuente de los Olivos y su peculiar remate como de juguete y piense, con el rumor y el frescor del agua de fondo, en lo afortunado que ha sido al poder disfrutar de un lugar así; en lo afortunados que somos todos de que, a través de complicados y casi milagrosos avatares del tiempo, podamos disfrutar de un lugar así.

NO DEJEN DE VER NUESTRA GALERÍA DE FOTOS DE LA CATEDRAL DE CÓRDOBA.

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