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Dinosaurios, ciencia, arqueología o arte: cuatro museos por los que vale la pena ir a Cuenca

Como les pasa a todas las ciudades que están a una distancia razonable de Madrid, el turista puede tener la tentación de visitar Cuenca en un único día: llegar por la mañana, ver apresuradamente lo más destacado o lo más conocido de la ciudad y volverse a toda prisa a la capital, como si nos diera miedo la oscuridad.

Es un error tremendo -y que conste que yo mismo me confieso pecador, porque lo he hecho en más de una ocasión- porque Toledo, Ávila, Segovia o la propia Cuenca -oigan, ¡qué póquer de destinos!- merecen conocerlas con más calma, verlas de noche, disfrutar de su gastronomía y de esa otra cara que las ciudades ofrecen después de la puesta de sol.

Además, en el caso de Cuenca, que es de lo que vamos a hablar hoy a pesar de que ya les hablé de ella hace no mucho, resulta que hay varios museos de diferentes estilos que merecen mucho la pena y que son algo más que una excusa perfecta para quedarse más tiempo. De hecho, les diría incluso que conocer alguno de ellos -o quizá todos, por qué no- es imprescindible, especialmente porque los hay que aún no tienen la fama que merecen.

Dinosaurios de lujo

Empezando por lo más antiguo, nos vamos a ir atrás en el tiempo al que, paradójicamente, es el más reciente de todos: el Museo Paleontológico de Castilla-La Mancha (MUPA), abierto en 2015 pero que de hecho no se completó tal y como lo vemos ahora hasta enero de 2018.

El MUPA es el único de estos museos que no está en el casco antiguo de la ciudad, de hecho está en las afueras, pero a cambio de ese desplazamiento podemos disfrutar de una de las vistas más bonitas de cuenca: desde lo alto y con una perspectiva estupenda de los rascacielos del barrio de San Martín.

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Cuenca, desde el MUPA | C.Jordá

El edificio es un contendor bastante moderno -aunque anterior al Museo- que cumple bastante bien con su función y ofrece vistas bonitas de la ciudad sin ser excesivamente epatante. Lo verdaderamente importante es la colección de fósiles, que esa sí, es realmente impresionante.

La mayor parte de ellos provienen de dos yacimientos en Castilla-La Mancha: Lo Hueco y Las Hoyas -este muy cercano a la propia Cuenca, en los que se han encontrando auténticas joyas de la paleontología como el fósil del Concavenator, un dinosaurio con algunas características sobre las que aún discuten los expertos pero que podrían convertirlo en una pieza esencial de la evolución de estos animales que dominaron la tierra hace millones de años.

Expuesto en una gran urna de cristal con vistas a la ciudad, incluso simple vista y hasta siendo un profano en la cuestión uno puede darse cuenta de lo espectacular que es el fósil -leo que es el más completo jamás encontrado en la península- que es la joya de la corona de una colección realmente importante.

Arqueología a la antigua

Remontándonos algo más en el tiempo pero no demasiado, nuestra siguiente visita puede ser al Museo de Cuenca, que es de etnografía y, sobre todo, arqueología. Al contrario del paleontológico, este es un museo de los de antes y eso quizás le reste algo de la espectacularidad que podría tener, pero a cambio le da cierto encanto, al menos desde mi punto de vista: siempre que encuentro uno de estos lugares en los que las cosas se exponen sin demasiados adornos y sin los llamativos montajes a los que la museística actual nos tiene acostumbrados me siento un poco privilegiado, como teniendo la suerte de poder asomarme a algo que ya no debería estar ahí.

Además de esta, tiene otras virtudes: su ubicación en pleno centro, a solo unos pasos de la catedral, algunas salas con una preciosa luz natural que entra desde las ventanas y, por supuesto, piezas notables desde el punto de vista arqueológico y algunas incluso bastante bellas, sobre todo una pequeña serie de estatuas romanas procedentes del yacimiento de Segóbriga, del que también les he hablado por aquí hace ya mucho tiempo.

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Una sala del Museo de Cuenca | C.Jord´

Y junto a estas figuras más llamativas hay otras que quizá no lo sean tanto, pero que tienen un valor histórico importantísimo, como el peculiar Ídolo de Chillarión, que estoy seguro de que también les llamará la atención.

Ciencia para todos

El Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha está muy cerca de la Plaza Mayor, sólo un poco más arriba, en una empinada cuesta. Más que museo -y digo esto como un elogio- se trata de una enorme aula en la que aprender sobre ciencia, con muchas posibilidades de interactuar y un montón de curiosidades que nos abren los ojos a importantes teorías científicas.

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Una salar del Museo de las Ciencias | C.Jordá

Por supuesto, está enfocado sobre todo a niños y adolescentes, pero eso no implica que los mayores no disfruten de él. Es una visita perfecta para hacer en familia y los padres deberán incluso simular su entusiasmo ante algunas cosas bien curiosas, como la recreación del peso en distintos planetas y satélites del Sistema Solar, o la reproducción de un módulo de la Estación Espacial Internacional.

Cuenta también con un pequeño planetario y en conjunto es divertido, lectivo y visitable en poco más de un par de horas, así que es sin duda otra parada obligatoria en ese viaje a Cuenca un poco más largo que les propongo.

El milagro del arte… abstracto

El último de los museos que quiero comentar aquí es mi preferido, aunque sé que su contenido puede ser más arduo para la mayoría, pero a mí me gusta la pintura del siglo XX, me fascina la propia existencia de un lugar como este en una ciudad como Cuenca y, finalmente, cuando pude conocerlo me pareció que el Museo de Arte Abstracto Español es, sencillamente, excepcional.

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Una de las salas del Museo de Arte Abstracto Español | C.Jordá

En primer lugar por la colección, que es realmente muy muy buena -Saura, Sempere, Canogar, Chillida, Oteiza, el propio Zóbel… la nómina de artistas es sobresaliente-; y en segundo porque está en un lugar igual de excepcional: las famosas Casas Colgadas, maravillosamente rehabilitadas para dar cabida a un arte en principio tan ajeno a ese envoltorio.

Visité el museo en una tarde de sábado, sin muchos turistas y disfrutando con calma y tranquilidad de las espaciosas salas, algunas blancas y llenas de luz -hay otras inquietántemente oscuras pero también perfectas para contemplar los cuadros-, abriéndose a la bellísima Hoz del Huécar en ventanas que son a su manera parte de la propia colección, aunque esto les suene raro. Fue una auténtica gozada, en pocos museos he disfrutado así del arte abstracto, se lo prometo.

Y en pocos sitios he disfrutado como en Cuenca del paisaje, la historia, la gastronomía, los monumentos y, como pueden ver, también los museos. Vayan y conózcanla o vuelvan y conózcanla más a fondo, sea lo que sea ustedes también disfrutarán.

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