Artículos de viaje

¿Debemos dejar de viajar a países no democráticos?

Hace unos días publiqué en estas mismas páginas un artículo sobre una ciudad de Marruecos, Marrakech, que he visitado recientemente y que me parece un excelente y recomendable destino para viajar. He de reconocer que probablemente no elegí el mejor momento, pero siempre he tratado de desligar el desarrollo de este blog de cuestiones políticas que se tratan pormenorizadamente – yo mismo lo hago en ocasiones – en otras secciones de Libertad Digital.

Sin embargo, a muchos de los lectores les debió parecer especialmente poco adecuado hablar de un lugar de Marruecos en el mismo momento en el que ese país está siendo protagonista de unos acontecimientos cuanto menos lamentables, y lo dejaron muy claro en los comentarios.

Alrededor de la críticas recibidas (y que por supuesto recibo y acepto con deportividad) surge otra pregunta que creo que podemos hacernos todos y que es materia para una reflexión interesante e importante: ¿debemos viajar a países cuyo sistema político no sea democrático? ¿Es lícito visitar como turistas lugares en los que el Estado no respete los derechos humanos?

La primera respuesta que a uno le sale casi de las tripas es que no, que en nuestra defensa personal de conceptos tan elevados e importantes como la libertad, los derechos humanos y la democracia una de las vías debe ser no relacionarnos en absoluto con países en los que no se respeten estos valores.

Pero la cosa no es tan sencilla

En primer lugar y desde un punto de vista puramente egoísta porque la democracia y la libertad son bienes escasos en el mundo y mantener esa severidad nos impediría visitar prácticamente todos los países de África o casi todas las sociedades musulmanas del mundo.

Pero en segundo lugar porque, y esto es más importante, creo que el efecto que el turismo puede tener en determinadas sociedades y frente a algunos sistemas políticos es más positivo que negativo.

Es decir, probablemente nuestras divisas den a países como Cuba aire para prolongar la agonía y no caer de forma todavía más estrepitosa, pero desde un punto de vista más sutil y más a largo plazo el contacto con el turista extranjero va minando las bases ideológicas, sociales y culturales que regímenes como el cubano intentan imponer a su pueblo.

En este sentido, creo que lo ocurrido en España es un buen ejemplo de esto: por supuesto el franquismo no cayó gracias a las europeas que empezaron a llenar nuestras playas de muslo y bikini, pero creo que sí contribuyeron de forma significativa a que nuestra sociedad fuese cambiando hasta que prolongar el régimen resultó materialmente imposible una vez muerto Franco.

También es cierto que el franquismo, con sus muchos defectos y no pocos crímenes, no era un régimen totalitario al nivel de países como China o Cuba, por poner dos ejemplos, de hecho probablemente la España de Franco era incluso un país algo más libre que el actual Marruecos.

Volviendo al problema de partida, otro punto que creo que debemos tener en cuenta es que el turismo no sólo da divisas a los regímenes, sino que suele ser una pieza importante en la economía de muchos países y, por tanto, uno de los modos más eficaces de que la gente salga de la miseria en la que la sumen, precisamente, los sistemas dictatoriales que sufren.

Y esa mejora económica casi siempre es el primer paso para que la gente empiece a reclamar con otra fuerza y otra eficacia esa libertad que bastante valor tiene por sí misma y que, además, normalmente les impide acceder definitivamente a la prosperidad.

Por supuesto, pese a estas razones me parece legítimo que decidamos no viajar a países así por convicción, por comodidad o por la razón que sea, pero también creo que es éticamente aceptable visitarlos, especialmente si no pasamos por ellos como una maleta y, dentro de las habitualmente limitadas posibilidades que nos suelen dar nuestras vacaciones, somos capaces de, al menos, enterarnos un poco de lo que pasa por allí y no dejarnos engañar por los decorados y las mentiras de la propaganda oficial.

Y NO DEJE DE VER NUESTRA GALERÍA DE DESTINOS TURÍSTICOS POCO DEMOCRÁTICOS

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