Artículos de viaje

De bodegas en el corazón de la Ribera del Duero

Si el enoturismo es cada día una excusa mejor para viajar, Peñafiel, en plena Ribera del Duero, es un destino de primera para aprender y probar.

Quizá La Rioja es más conocida, sobre todo a nivel internacional, pero no creo sinceramente que sea un destino para el enoturismo mejor (tampoco peor, ojo) que la Ribera del Duero, como los caldos de un lugar tampoco son mejores que los de otro o, más exactamente, tanto en uno como en otro hay auténticas maravillas embotelladas y otras cosas... que no lo son tanto.

Pero sin entrar en polémicas (que luego se nos ponen los comentarios en más de un centenar por un quítame allá un Castilla), lo importante es decir que tanto una región como la otra son lugares estupendos para acercarse al mundo del vino, aprender y, sobre todo, disfrutar, que es de lo que se trata.

Y un lugar especialmente idóneo para ello es Peñafiel, en pleno corazón de una de las zonas más hermosas y con mayor tradición vitivinícola de la Ribera. Para los fans del vino el entorno es espectacular: algunas de las más famosas marcas de España están radicadas en esta localidad o en sus cercanías, y también algunas de las bodegas más interesantes para el visitante.

Protos: del siglo XV al XXI

Sin duda una de ellas es Protos, por varias razones o, casi cabría decir, por todas las razones posibles: presume de ser la más antigua de la Ribera del Duero (y lo es, al menos, la primera que embotelló su vino) y además tiene una de las bodegas más interesantes de la nueva ola de modernas y hermosas construcciones que han salpicado el panorama del vino en nuestro país en los últimos años.

Y esta mezcla de lo antiguo y lo nuevo hace la visita apasionante, porque nos lleva desde el S XV hasta el XXI casi sin darnos cuenta.

La antigua bodega Protos está instalada en la ladera de la colina que domina Peñafiel y sobre la que se encuentra su espectacular castillo. Una colina que, por cierto, debe ser todo un queso gruyere, ya que ha sido el espacio habitual de los lugareños para construir sus bodegas familiares, de las que debe haber docenas.

Uniendo algunas de estas viejas bodegas, en algún caso del S XV, se hizo la primera Protos. Y todavía madura el vino en estas viejas galerías, más bien estrechas, en las que las barricas se amontonan sólo a tres alturas porque no hay espacio para mucho más y porque, precisamente por la estrechez, todas las operaciones se tienen que hacer a mano. O mejor dicho a brazo, que no deben pesar poco los toneles llenos de buen vino.

La galerías subterráneas desembocan, casi de repente, en un espacio mucho más amplio de aséptico y rectilíneo cemento: hemos llegado a la Protos del siglo XXI, diseñada por uno de los mejores arquitectos del mundo, Richard Rogers, y que es sin duda una de las bodegas más peculiares e interesantes que se puede visitar en España.

El diseño de Rogers tiene, lógicamente, una parte importante por debajo del nivel del suelo, en la que domina un cemento claro y funcional, con elementos de cristal y metal en algunos espacios y detalles.

Está, sobre todo, pensado para ser útil y para probarlo basta entrar en la gigantesca sala subterránea en la que las barricas se apilan hasta seis o siete alturas y son manejadas por medios mecánicos. Pero incluso en esa funcionalidad hay una belleza tras la que se ve la mano de un gran arquitecto, el cemento desnudo puede parecer pobre, pero las líneas puras y las proporciones perfectas lo elevan a la categoría de la buena arquitectura: arte.

Y por si esto no fuese suficiente, luego, por encima del nivel de la calle, se eleva la gran arquería que se ha convertido en símbolo de la marca: una bellísima estructura de madera que nos recordará, aunque el parecido no es evidente, a la T4 de Barajas.

La estructura, bajo la que están todos los elementos de trabajo de la bodega perfectamente ordenados, también es funcional, y luminosa, y todo un ejercicio de estilo. Es, en resumen, un espléndido ejercicio de arquitectura.

Pinna Fidelis

Como les decía, si algo hay en Peñafiel y alrededores son bodegas y no tenemos espacio (ni tiempo ni fuerzas) para hablar de todas, así que les vamos a hacer sólo otra propuesta, para lo que hemos elegido una completamente diferente a Protos: Pinna Fidelis, que es una empresa joven, que hace unos vinos de gran calidad (eso puedo jurárselo).

Conocer Pinna Fidelis no será una experiencia arquitectónica como la de algunas de las grandes bodegas españolas (aunque, como pueden ver, su sede tiene también su interés), pero sí nos acercará a un aspecto completamente diferente y también necesario del mundo del vino: las empresas menos grandes pero que hacen un excelente trabajo y unos estupendos caldos.

Y también nos permitirá, probablemente, ver de más cerca el día a día del largo y hermoso proceso de elaboración de un buen vino, el trasiego de los caldos de los depósitos a las barricas y de ellas a los filtrados, ver a la gente trabajando, los toneles de distintos tipos...

Museo del vino

Además de las bodegas, nuestro paseo enológico por Peñafiel puede, y debe, pasar por el Museo del Vino, mitad por el propio museo, mitad porque está en el Castillo y subir hasta allí y ver las vistas es imprescindible.

Pero como de eso hablaremos otro día, hoy les contaré que el museo, bastante bien montado y cuidado, es el típico recorrido por la historia del vino y los secretos de su elaboración, como les digo con una exposición interesante, amena y con varias curiosidades que me llamaron la atención, especialmente el apartado de los documentos, mucho mejor surtido de lo habitual con libros, recetas y hasta cómics.

Terminen en los espacios sobre la cata y traten de adivinar los aromas (no se depriman, yo tampoco acierto ni una) y luego ya tendrán apetito para hincarle el diente a su majestad el lechazo.

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