Artículos de viaje

Barcelona quiere promocionarse como destino turístico... cobrando a los turistas

La voracidad de las administraciones para conseguir aumentar sus presupuestos en tiempo de crisis podría tener un nuevo capítulo en Barcelona, donde se está planteando cobrar un euro a cada turista que pase por la ciudad condal para dotar de fondos a Barcelona Turisme, la entidad público-privada encargada de promocionar la capital catalana como destino turístico.

Imagen del usuario de Flickr masochismtango

La idea la ha lanzado el empresario hotelero y otrora dirigente barcelonista Joan Gaspart que, tal y como recoge La Vanguardia, se había negado hasta el momento a cualquier medida de este tipo, pero ha cambiado de opinión ante la caída de los presupuestos: "Tenemos que pensar en fórmulas para compensar los recortes", ha dicho.

Por supuesto, no se trata de la primera experiencia de este tipo, ni a nivel internacional, recientemente el Ayuntamiento de Roma anunció una medida similar y en Francia hace tiempo que se aplica; ni siquiera en España: en Baleares se aplicó entre 2001 y 2003 la llamada "ecotasa" con un resultado tan nefasto que tras ser retirada por el último gobierno del PP no ha sido recuperada por el actual ejecutivo encabezado por el PSOE.

Gaspart defiende que se trataría de un caso completamente diferente ya que la tasa balear "se dedicó a todo menos a promocionar las islas", mientras que la idea que defiende el presidente del poderoso grupo hotelero HUSA se dedicaría "al 100% a la promoción, que es la que en definitiva nos hace que sigan viviendo los turistas a la ciudad o a Cataluña".

Hereu, a favor pero sin quedarse sólo

En este mismo sentido, este mismo lunes 5 vemos como el propio alcalde de la Ciudad condal, Jordi Hereu, no sólo quiere cobrar el la tasa sino que también la cobren los demás, suponemos que para que la competencia no pueda jugar con ventaja.

Así, en declaraciones recogidas por Europa Press el alcalde ha dicho que están estudiando la medida pero que ésta debería formar parte de una "legislación tributaria general". Hereu ha añadido que tienen que hablarlo con el resto de ciudades y con el Ministerio de Economía.

Los turistas como cosa molesta

En su primer planteamiento estas tasas pueden parecer inocuas, tal y como el propio Gaspart ha dicho: "¿Dejarán de venir a Barcelona los turistas por tener que pagar un euro más?" No parece que vaya a ser así, pero en mi modesta opinión se parte de un enfoque erróneo: considerar al turismo como una tara para las ciudades.

Eso se desprende, por ejemplo, de las declaraciones del alcalde de Roma, que recogía La Reppublica y en la que decía que "es justo que los turistas ayuden a nuestra ciudad a pagar los servicios y las actuaciones", algo parecido a lo que ha dicho este lunes el propio Hereu, para quién las ciudades necesitan tener un "retorno" de lo que les supone la estancia de los turistas.

Modestamente, uno siempre ha pensado que ese retorno lo generan los propios turistas gastando su dinero en hoteles, bares, restaurantes, entradas a museos y atracciones varias, en las tiendas de regalos, en las de ropa...

No, probablemente el turista no va a dejar de ir a Barcelona por no pagar un euro (aunque sin duda muchos dejarán de ir a Roma por una tasa de 10 euros por persona y noche, que son 280 euros para una familia de cuatro miembros en un viajecito de una semana), pero sí que dejarán de visitar una ciudad en la que no se sientan bien recibidos, en la que en lugar de invitarles amablemente se les pongan trabas y se les haga sentir como una incómoda carga. 

El propio Gaspart justifica su idea asegurando que "hacen falta más recursos para promoción turística, porque la competencia es muy alta", pero precisamente en un entorno de gran competencia no parece que subir los precios vaya a ser la mejor idea.

En unos meses estudiaremos lo que ocurra en Roma (esperemos que antes de que hayamos metido también la pata en España) y estoy convencido de que habrá sido un desastre. Eso sí, los políticos tendrán algo más de dinero para mantener a todo trapo sus respectivos chiringuitos, sus coches oficiales y sus propios y numerosísimos lujos.

A continuación