¡Arráncalo, por Dios!

Valencia y espejo de la F1

Cualquier tiempo pasado fue mejor, pero no cualquier tiempo pasado. Para el circuito urbano de Valencia fue un domingo de 2011. El primero y probablemente el último en el que el primer circuito urbano de España veía a un español cruzar primero la línea de meta. Sé que no es fácil, con los tiempos que corren, acordarse de domingos como aquel en que los españoles se apostaban en masa frente al televisor para ver ganar a Fernando Alonso. Hoy las audiencias han adelgazado hasta el límite de herir casi de muerte un deporte que, como ya hemos dicho en varias ocasiones, necesita una profunda revisión.

La imagen de las protecciones llenas de lujosos sponsor, salas vips, gradas llenas pese a los cientos de euros que cada espectador pagó por ver un tramo del trazado no son sino imágenes que ahora se antojan casi como ensoñaciones. Un sueño que nos mostró al mundo durante algunos años, de 2008 a 2012, como una potencia en lo económico y en lo deportivo. Hoy las cosas son como las vemos, y sólo hay que echar un vistazo a las ruinas en que se ha convertido ese mismo trazado que sorprendió al mundo. La basura se acumula en las escapatorias, el asfalto luce agrietado y el abandono es el único espectador testigo de la decadencia. Los motores ya no rugen como lo hacían, pero las facturas, por un valor superior a los 60 millones de euros, todavía se agolpan en las dependencias de los gobiernos de turno. Un auténtico fracaso, un escándalo del que sólo nos quedan escombros y mucho dinero por pagar pese a que la Fórmula 1 no volverá a la ciudad del Turia.

En lo deportivo estamos, siendo generosos, un poco mejor. Es cierto que Fernando Alonso sigue vivo y sin facturas en su mochila, pero su situación se puede comparar a cómo luce el circuito valenciano, la basura esconde el gran trazado que allí lucia en otro tiempo. Con el bicampeón del mundo pasa algo parecido, los numerosos problemas que atesoran en McLaren- Honda no dejan ver el potencial de Fernando Alonso que lucha por sobrevivir, que es más de lo que ocurre con el circuito de Valencia. Lo bueno de Fernando es que parece que lo suyo puede arreglarse, como mucho trabajo y mucha dosis de buena suerte. Pero en el caso del circuito que nos ocupa ni la suerte, ni el potencial ni el trabajo parecen que vayan a recuperar el esplendor de otro tiempo.

En unos años les contaremos a nuestros nietos que España tenía dos citas de la F1, algo que no ocurría con ningún otro país, y rememoraremos un tiempo en que el fútbol compitió cara a cara con la F1.

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