¡Arráncalo, por Dios!

¿Podría desaparecer la F1?

Es una pregunta que se empiezan hacer algunos y son cada vez más los que no tienen clara la respuesta. En principio, cualquiera podría pensar que en un deporte con tanta inversión y tanto dinero detrás es un disparate ni siquiera sugerir que corre algún riesgo. Pero precisamente por las ingentes cantidades de dinero que se necesitan para poder poner los coches en pista cada fin de semana, se podría pensar que un parón de este tipo, en donde los ingresos que compensan las inversiones son cero, podría ser devastador para la F1.

La noticia que conocíamos hace una semana sobre el Erte que McLaren se ha visto obligado hacer a todo su equipo es muy sintomática. Y los miedos de quiebra de equipos más pequeños han dado la voz de alarma, ya que podría dejar sin sentido una competición en la que nadie tiene su posición económica asegurada, sobre todo si no se actúa a tiempo y bien. Es por eso que este lunes los jefes de los equipos se reúnen para hablar de dinero, para hablar de costes.

El propio jede de equipo de McLaren Zak Bronw ha asegurado a medios ingleses que las decisiones que se han tomado estos días en el equipo de Woking han sido las más difíciles de toda su carrera profesional. Brown habla de hasta cuatro equipos que podrían desaparecer de la parrilla si no se rebaja para el año que viene el margen presupuestario. El problema, el de siempre. Ferrari y Red Bull, podrían estar poniendo obstáculos a la reducción de costes que busca salvar la parrilla.

Sin equipos, aunque sean pequeños, no hay competición y quién sabe si alguno grande puede naufragar tras una crisis incierta como la que estamos viviendo en todo el mundo. Posponer a 2022 las nuevas normas diseñadas por Liberty Media puede ser insuficiente para muchos equipos que viven del reparto que se hace de la celebración de los grandes premios, entradas, derechos televisivos y canon de los circuitos. Parece una quimera que un deporte como la F1 pueda desaparecer, pero si encajamos las piezas y esto no termina pronto, no es tan descabellado.

Con las limitaciones en los desplazamientos, las limitaciones en la celebración de eventos multitudinarios y la crisis económica que van a sufrir estados, empresas y particulares el futuro no está claro, nada claro, para un deporte que no sólo depende de un deportista y una pelota, o un raqueta, sino que lleva tras de sí una maquinaria de investigación, tecnología y logística al más alto nivel. La F1 debería ser cauta y previsora si quiere volver a apagar el semáforo en rojo.

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