¡Arráncalo, por Dios!

Nunca imaginé una retirada así de Valentino Rossi

Escribir sobre Valentino Rossi es escribir sobre mi propia generación, sobre mi propia historia con el mundo de las motos. Le conocí antes que a mi marido allá por 1996. En aquella época yo sólo miraba las motos de reojo, es cierto, pero las miraba. Me gustaba como bailaban de lado a lado, de curva a curva del circuito, me gustaba su estética y los pilotos, que me parecían caballeros modernos que arriesgaban sus vidas a más de 300 kilómetros hora, enganchados a la adrenalina que da las carreras y la velocidad. Estaba claro, y lo vimos todos, al verle dentro y fuera de la pista que Il Dottore iba a ser un gran yonki de las motos, de sus sensaciones, y su trayectoria nos ha dado la razón.

Desde el primero momento, en sus inicios en la ya desaparecida categoría de 125 cc, su cuerpo desgarbado, parecía sólo encajar cuando se recogía tras el carenado, su mirada, sus grandes ojos saltones encajaban con una personalidad estridente que enganchó a muchos, los tifossi de Rossi que durante sus 26 años de carrera se han multiplicado más allá de su Italia natal y más allá del deporte en sí. De hecho Valentino consiguió relanzar las motos, equipararlas al Mundial de Fórmula 1, enganchar a personajes anatómicamente imperfectos para este deporte como Michael Jordan que cumplió su sueño de subirse a una MotoGP gracias en parte a Valentino Rossi.

Estos días, ante la última carrera de Rossi en el Mundial, se han dicho muchas cosas, todas buenas. Es cierto que ha habido algún pero como el de 2015 con el biscotto español, que según él le privó de su décimo Mundial, o su infructuoso paso por Ducati, pero, ¿y su retirada? Nadie ha hablado de cómo ha sido su retirada, más allá de la gran fiesta y el reconocimiento mediático.

En mi opinión ha tardado demasiado. Valentino como buen yonki se ha resistido a dejar su droga que han sido las motos. Está claro que si te hace feliz competir y encima te pagan un sueldazo, ¿por qué no seguir corriendo? Pero, y yo que me he emocionado tantas veces con el piloto italiano, verle estos dos últimos años casi arrastrándose por los circuitos, siendo testigo de cómo era Yamaha quien realmente le retiraba degradándole al equipo satélite de Petronas, lo cierto es que han sido muchas las veces que no lo he entendido.

Aplaudo que haya estado hasta que él lo ha decidido, no todos los pilotos pueden hacer esto, posiblemente sólo lo pueda hacer él porque aunque correr, correr, corría poco en las últimas temporadas, Valentino seguía siendo un reclamo mediático y comercial para el Mundial. Pero, si soy sincera, me daba pena verle más como un trofeo del Mundial que como lo que es él, un campeón, un espectáculo en pista y un piloto que siempre había que tenerle en cuenta. Pero, ya nadie le tenía en cuenta, al menos para hacer las quinielas para la victoria, por eso nunca me imaginé que la retirada llegaría tan tarde.

A continuación