¡Arráncalo, por Dios!

La traición de Jorge Lorenzo

En muchas ocasiones he manifestado en este blog mi gran admiración por Jorge Lorenzo, por su forma tan elegante y efectiva de pilotar, por su forma de trabajar metódica y disciplinada. Pero desde hace unos días, desde que le volví a ver subido a una moto en los entrenamientos de pretemporada de Sepang, ronda por mi cabeza una reflexión que por mucho que le admire no deja de ser menos cierta. Me explico. Hace como unos tres meses Jorge Lorenzo comparece ante los medios de comunicación para comunicar una de las noticias más impactantes para el motociclismo de los últimos tiempos, su retirada, cuando todavía le quedaba un año de contrato con Honda y como mucho que caminar en el equipo del ala dorada. Ese día, Lorenzo cariacontecido admite su incapacidad para llevar la Honda donde se merece, pide disculpas a aquellos que confiaron en él y nos convence a todos de que ya no es feliz encima de la moto, que ha sentido miedo, ese que nunca debe existir en la cabeza de un piloto y que su tiempo en MotoGP ha terminado, quiere dejar de sufrir. Todo el paddock le rinde homenaje, el que se merece por supuesto, el público le despide en las gradas de Cheste, Valencia, a lo grande porque es un grande y se va, sin más ruido con la paz que tanto ansiaba, el miedo desaparece.

Tras las vacaciones en algún lugar paradisiaco, tranquilo, lejos de los focos y sobre todo de la Honda se empieza a escuchar un rumor, Jorge Lorenzo podría firmar como probador de Yamaha. Noticia que esta casa confirma semanas antes de que se haga oficial, antes de que acabe 2019. En aquel momento, sólo el hecho de imaginar que Lorenzo puede volver a la pista, que los aficionados podemos volver a ver al espartano hace que la información se reciba como una buena noticia, excelente la califiqué yo misma. Pero pasadas las semanas y analizando todo en su conjunto, es cierto que la noticia sigue siendo buena, a mi me lo sigue pareciendo, pero ahí es donde se esconde la traición. Como decía al inicio, hace unos días cuando vi a Jorge subido a la Yamaha, ayudando al triple diapasón a ser más competitivos a preparar la moto para poder acercarse a la Honda, y después de saber que el máximo rival de Márquez, Fabio Quartararo sería la próxima estrella del equipo de Yamaha en sustitución del gran Valentino Rossi, me acordé de Honda, me acordé de Alberto Puig, de sus lágrimas por la partida de Jorge. Y ahí va lo perverso, cuando no han pasado ni cuatro meses de aquellas lágrimas, de aquellos abrazos de aquella noticia que obligó a Honda a buscar un sustituto rápido y corriendo, Lorenzo se dispone a ayudar al archienemigo de Honda, está dispuesto a devolver a la Yamaha al nivel donde él la dejó cuando la fábrica de Iwata era su casa. La verdad si yo fuera Alberto Puig me sentiría pelín engañado, "Jorge, te ibas porque no podías más, no para armar al enemigo", le diría. No sólo ayudará en el desarrollo de las motos, nada más y nada menos que de, Valentino Rossi, Maverick Viñales y Fabio Quartararo, no, también él mismo correrá como uno más de la armada Yamaha durante la celebración del Gran Premio de Cataluña en Montmeló. Yo me alegro mucho por él en particular y por el motociclismo en general pero… la maniobra es difícil de defender. Quizás estemos ante la mayor traición de Jorge Lorenzo.

A continuación