Expulsiones, dimisiones, corrupción: la izquierda andaluza se hunde en un agujero negro

Lo más llamativo del terremoto político ha sido la expulsión inmisericorde de Teresa Rodríguez del grupo parlamentario de Adelante Andalucía.

Pedro de Tena

Alguna vez el centro derecha andaluz tenía que tener suerte, tras casi cuatro décadas de cenizo político. Salvo que Juan Manuel Moreno y su partido sigan cabreando a Vox o que Ciudadanos sorprenda con un bandazo, otro más, a la izquierda, el horizonte lo tiene despejado porque la crisis de la izquierda andaluza, desde la socialista a la comunista, podemita bolivariana o trotskista, es de proporciones históricas y, además, huele fatal.

Lo más llamativo del terremoto político ha sido la expulsión inmisericorde de Teresa Rodríguez del grupo parlamentario de Adelante Andalucía, la coalición que fundó con Izquierda Unida, por transfuguismo, decisión adoptada por la Mesa del Parlamento de Andalucía con los votos de PSOE, PP, Cs, Vox e IU.

Hay quien ha puesto el dedo en la llaga económica convirtiendo el lance en una reyerta por los 1,7 millones de euros que, en su mayoría, administraba Teresa Rodríguez para sí misma y su partido encubierto, Anticapitalistas. Pero no hay que olvidar el pioletazo que el staleninista bolivariano, Pablo Iglesias, ha dirigido, ayudado por el PSOE e IU, contra la cabeza de la trotskista que más alto ha subido en la política nacional desde Andalucía. Lo del dinero lo hubiera solucionado Podemos en un pispás en una de sus operaciones especiales. No, no es el dinero, aunque influya.

Pablo Iglesias necesitaba su eliminación porque Teresa Rodríguez era un obstáculo para todo pacto de gobierno entre el PSOE y los comunistas andaluces, a lo que la roteña siempre propinó un "ni muerta" dejando claro que decía "no" a la corrupción socialista. El PSOE sabía que el golpe era necesario como único horizonte de gobierno en el Sur e IU, ya más hundida que unida, no tenía otra salida.

Rodríguez, aunque más pulcra en conducta personal, es de la escuela comunista y aprovechó el momento oportuno para registrar la denominación Adelante Andalucía como partido político a su nombre, sin advertir a Izquierda Unida, su socio de la coalición. De ese modo, lograba que su verdadero partido Anticapitalistas apareciera de pronto como un poder fáctico, con dinero y nombre, en el gallinero de la izquierda andaluza. Tras un descenso continuado de votos y escaños, lo que puede esperarse es un descalabro que hará imposible la vuelta del PSOE y la resurrección de Susana Díaz.

Pero en el PSOE, además de la persecución solapada y sibilina de Susana Díaz por los rincones de Andalucía donde le salen candidatos alternativos por demasiadas partes, ha dimitido el presidente de la Diputación de Huelva y secretario general del PSOE en la provincia, Ignacio Caraballo, pareja de Maite, la hermana de Mario Jiménez, el que fue portavoz de la gestora nacional que desalojó a Pedro Sánchez en 2016.

Su dimisión se debe a su inevitable procesamiento en el caso del soborno de dos concejales de Podemos en la localidad de Aljaraque para hacer que la alcaldía siguiera en manos socialistas, pero, además, ha sido implicado en otro soborno político, en un caso de acoso sexual y laboral por parte de una militante socialista y en una purga interna sin precedentes en el PSOE onubense.

¿Es baladí? En absoluto. Tras la defenestración inexplicada de Mario Jiménez de la mesa camilla de Susana Díaz, la provincia de Huelva, donde el apoyo a la trianera era capital para su reelección como secretaria general, comenzó a incubar una crisis interna en la que las maniobras de los sanchistas andaluces no han sido menores.

Susana Díaz alcanzó el mando regional del PSOE apoyada en Huelva, Sevilla y Jaén sobre todo y de forma clara. Sevilla y Jaén son las mayores federaciones socialistas del Sur y Huelva era compacta como una piedra. Que haya salido un candidato sustituto de la lideresa, pieza de Adriana Lastra, Felipe Sicilia, en Jaén, ya da una idea de cuál es nivel de cuarteamiento interno que ya ha llegado a Sevilla.

Si a esto le unimos la fetidez de la corrupción que emana de lo que fue, y en buena medida sigue siendo, el régimen socialista andaluz, el panorama no puede ser más desolador. Además de la condena de los expresidentes Chaves y Griñán y 17 altos cargos más en el caso político de los ERE, sigue el caso de las subvenciones y de la formación en los juzgados y seguirá por varios años.

Pero, además, ha vuelto a estallar hace poco el caso Isofotón y vuelve a la actualidad el caso Invercaria, donde de nuevo los expresidentes Chaves y Griñán, junto a un número generoso de ex altos cargos, se están viendo de nuevo involucrados.

El agujero negro y maloliente de la izquierda andaluza, que afecta asimismo a UGT cuyos ex dirigentes regionales están procesados por el fraude de las subvenciones, es de tal intensidad y capacidad de absorción, que llevará varios años recomponer una oferta ilusionante para unos votantes asqueados que están sumidos en la tragedia socioeconómica del coronavirus hasta no se sabe cuándo.

Por el lado del gobierno del centro derecha, la divergencia de las posturas de PP y Cs, que apoya ya claramente a Pedro Sánchez y la ruptura entre PP y Vox protagonizada por Pablo Casado, son los únicos elementos que pueden poner en peligro el gobierno de Juan Manuel Moreno, desde cuyo partido salió el tuit "Sí a España, no a Vox" tras el debate de la moción de censura.

El problema es que todo depende de Vox, que sube en las encuestas y puede ser el partido imprescindible, ya por encima de Ciudadanos, para que siga un gobierno de centro derecha tras las elecciones de 2022.

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