Semana Santa andaluza: de mirar al cielo a maldecir al coronavirus

Como en el resto del país, se observa con inquietud una multiplicidad de decisiones en cada entidad o institución sin que haya un protocolo único.

Pedro de Tena

Tradicionalmente, el enemigo principal de la Semana Santa regional ha sido la lluvia, cuya relación con los andaluces es dual. De una parte, rogativas para que fecundara campos y embalses y, de otra, rezos callados para que no descargara sus bienes en Semana Santa y Ferias. Ahora, el agua deja paso al coronavirus, que se convierte en el principal peligro para la celebración de todas las festividades de la primera andaluza.

No es un asunto menor porque están en juego el desahogo de las tradiciones y la transmisión de unas costumbres de siglos –la Feria de Sevilla tiene más de siglo y medio de vida y las procesiones, que ya existían en la época romana, tienen, en su versión religiosa católica y callejera, cinco siglos–.

No es un asunto menor tampoco porque la vida de centenares de miles de andaluces depende de estos acontecimientos primaverales que permiten ingresar en las cuentas familiares un dinero necesario para llegar a fin de año. En Andalucía hay más de 60.000 empresas dedicadas al turismo y hay 300.000 personas empleadas. A eso hay que sumar los costes adyacentes que una incidencia del tipo del coronavirus puede tener en los demás sectores económicos.

Tampoco es un asunto menor porque las celebraciones de la primavera andaluza conllevan una organización muy especial de los servicios públicos, desde las fuerzas de seguridad del Estado a los servicios sanitarios, pasando por todas las dependencias implicadas en el buen desarrollo de los actos programados.

Como en el resto de España, se observa con inquietud una multiplicidad de decisiones en cada entidad o institución afectada sin que haya un protocolo único donde la toma de decisiones sea compartida, y disciplinado, desde una única autoridad con legitimidad suficiente para asumir la dirección de las actuaciones.

Comenzó el baile de las sospechas el propio vicepresidente de la Junta, Juan Marín, que insinuaba a comienzos de esta semana que podría darse el caso de que su cofradía de Sanlúcar de Barrameda no saliera y que la pandemia podría afectar al normal desarrollo de las celebraciones de abril y mayo. Este miércoles ya hablaba de una tasa de mortalidad prevista del 2 por ciento.

Tras unos tranquilizadores mensajes de Juan Manuel Moreno y una oposición más que decidida del alcalde de Sevilla, Juan Espada, a la suspensión del desfile cofradiero y de la Feria de Abril, las noticias se han desencadenado noticias inquietantes. De momento, ha habido una reunión de urgencia del equipo de gobierno de Moreno por el coronavirus y la Junta ha cerrado todos los centros de día de mayores y contratará a 4.000 sanitarios para combatir el coronavirus.

De momento, no se han suspendido las clases. Pero, si bien es cierto que la mayoría de las hermandades mantienen los ensayos de sus costaleros para la Semana Santa, algunas cofradías los han suspendido. Las sillas, los palcos y los balcones en muchas ciudades andaluces ya se han alquilado, como es habitual.

Siguen apareciendo imágenes de estanterías vacías en los centros comerciales y es asombroso que las largas colas para visitar el Alcázar de Sevilla hayan desaparecido. En la justicia, el Fiscal Jefe de Sevilla da instrucciones para afrontar el caso con teletrabajo y los jueces de lo Penal quieren suspender 15 días la celebración de juicios, que ahora ya se celebran a puerta cerrada. Se firman ya escritos para la suspensión de las clases en la Universidad.

Es más, el propio rector de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla acaba de decir que, si por él fuera, suspendería las clases ahora mismo y dejaba caer una crítica dura a quienes deben tomar decisiones: "Si hay que adoptar medidas porque los responsables políticos creen que la situación es grave, que se haga ya, que no esperen más".

Únase a ello que el Parlamento ha cerrado aplazando sus actividades a causa de la ausencia de los diputados de Vox, algunos de los cuales han sido infectados por el coronavirus, aunque se ha visto a algunos de ellos en las dependencias parlamentarias. Se continúan suspendiendo conciertos y actos culturales, como el encuentro cinematográfico de Málaga. Incluso los ecologistas piden ya la cancelación de las romerías, la más próxima las peregrinaciones de la Virgen del Rocío que proceden de toda España y de algunos países extranjeros.

No son los únicos casos, pero como ejemplos del desconcierto reinante pueden ser suficientes. El coronavirus ya ha llegado al deporte, contagiando a un jugador del Trops Málaga de balonmano y la final sevillana de la Copa del Rey de Fútbol se ha aplazado hasta nueva orden. Y empiezan la cancelación de atraque de buques en el puerto de Málaga.

Aunque la situación de Andalucía en cuanto a las infecciones por coronavirus no es aguda dado que los afectados este miércoles eran 102, sólo 4,5% del total de los 2.100 casos positivos en España, o si se quiere, sólo están infectadas 1,06 personas por cada 100.000 habitantes, muy lejos de las 11,74 de Madrid o a mucha distancia de otra comunidad como La Rioja, que supera el 40%, todo hace prever que el crecimiento de la enfermedad tendrá que producirse en próximas fechas.

Que hace sólo cinco días el gobierno de la Nación permitiera la celebración de manifestaciones y concentraciones de miles de personas en Madrid y en el resto de España, no asumiendo de manera clara y rígida las decisiones unificadas que el caso parece exigir, no tranquiliza a unos andaluces que no saben a qué carta quedarse. Que este mismo miércoles la Organización Mundial de la Salud conceptuara como "pandemia" lo que está ocurriendo en todo el mundo, produce cuando menos perplejidad a la vista de la inacción de un gobierno central que ha dado información "experta" contradictoria a lo largo de muchos días.

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