Susana Díaz, cada vez más cuestionada, espera un milagro electoral

El caso Aznalcóllar, el flanco Mario Jiménez y la disidencia interna creciente debilitan el liderazgo de la expresidenta de Andalucía.

Pedro de Tena

Que entre Susana Díaz y Pedro Sánchez hay un abismo insuperable es sabido. Que antes o después, el PSOE "federal" de Sánchez acabará con el poder de la trianera es supuesto. La cuestión es que a la propia Susana Díaz la están creciendo los problemas en esta etapa preelectoral debido, muy especialmente, a sus modos y maneras poco amables. El único milagro electoral posible es que Pedro Sánchez sufra un castigo en las urnas el próximo 10 de noviembre mientras ella logra una recuperación milagrosa, pero si lo primero podría ocurrir lo segundo tiene las trazas de no ser más que una fantasía.

Varios factores se están uniendo en su contra en una especie de tornado político. Este martes se conoció que en el caso de la mina de Aznalcóllar, cuya reapertura utilizó ella misma en su compaña electoral de 2015, la Audiencia de Sevilla ha desautorizado por segunda vez su archivo, y lo que ha sido más llamativo, su invitación a declarar al alto cargo de Pedro Sánchez, Vicente Fernández Guerrero, ha conducido de manera fulminante a su dimisión.

Es de suponer el enfado de un Pedro Sánchez cogido a contrapié por este caso en su momento preelectoral, pero peor queda el asunto para un PSOE andaluz que tendrá que explicar cómo quien ha llegado a ser, nada menos, Interventor General de la Junta de Andalucía en 2016 y había ocupado numerosos altos cargos hasta entonces en los gobiernos de José Antonio Griñán y Susana Díaz, es sospechoso de inclinar un concurso minero a favor de un amigo.

"Hacerte un Jiménez"

El flanco de Mario Jiménez se abre cada vez más amenazadoramente para la lideresa andaluza porque, de un día para otro y sin consideración para quien había sido su mano derecha en el Parlamento andaluz, lo defenestró de todos los cargos de relevancia dando origen a un importante malestar en una provincia, Huelva, controlada de manera incluso asfixiante por la familia Jiménez. Recuérdese que la relevancia de Jiménez fue tal que presidio la Gestora que echó a Pedro Sánchez de la secretaría general del PSOE en 2016.

Hasta tal punto ha calado la patada a Jiménez que ahora hay socialistas sevillanos que llaman "hacerte un Jiménez" a la conducta generalizada de un PSOE susanista que practica el maniqueísmo más exacerbado. O eres de los míos o estás contra mí. Y, claro, si estás contra ella, no es sólo que no sales en la foto del momento, sino que, incluso quedando fuera del cuadro, te van a perseguir.

Pero el caso Mario Jiménez tiene una variante que va a minar decisivamente al PSOE en Huelva, uno de los pocos pilares fuertes que le quedaban a Susana Díaz con Sevilla y Jaén, que ya ha dado señales de despedida. El asunto es que Mario Jiménez, cuya familia ha sido debidamente colocada en diferentes instancias de la tela de araña provincial, tiene un cuñado, Ignacio Caraballo, presidente de la Diputación, donde aúna esfuerzos con su compañera sentimental Maite Jiménez.

Pues bien, Caraballo se niega a dimitir –por ahora–, tras haber sido investigado, imputado y finalmente desde este martes procesado quedando sólo pendiente la fijación de juicio oral. Pero el PSOE de Huelva, controlado por los Jiménez, considera que el juicio oral aún no ha llegado. Recuérdese que la apertura juicio oral obliga a todo cargo socialista implicado a dimitir, según su código ético vigente.

Un soborno

Código ético que no tiene en cuenta, sin embargo, el motivo de la imputación de Caraballo. Se trata de su participación demostrada en un soborno a dos concejales de Podemos Sí se puede en la localidad onubense de Aljaraque para impedir la constitución de un gobierno del PP, que es el partido que ganó las elecciones. Descubierto el pastel, así quedó el que es la máxima autoridad del PSOE de Huelva y presidente de la Diputación, el hasta ahora susanista Caraballo.

Por si fuera poco, La Razón aporta este miércoles una información, que otros medios han corroborado, acerca de la disidencia que le crece internamente a Susana Díaz sin vinculaciones con el sanchismo. El meollo de la cuestión está en un grupo de alcaldes y concejales y de ex cargos institucionales –ex diputados provinciales, ex delegados territoriales de la Junta y responsables socialistas a diferentes niveles del partido–, quieren abrir un proceso de análisis y debate que cuaje en una alternativa al susanismo y a Verónica Pérez, su cabeza visible en Sevilla.

Susanistas de origen, ahora echan de menos el respeto de la organización por sus órganos, por sus agrupaciones locales y por la militancia en general, que dan por perdido. Es decir, acusan a Susana Díaz de no admitir crítica alguna y ejercer el orden y mando sin otra consideración que su propio interés y el de su círculo de amigos, cada vez más pequeño.

Aunque no son sanchistas, consideran que el PSOE andaluz y Ferraz deben recuperar la sintonía. Ni marginaciones escandalosas como en las campañas anteriores ni purga de listas desde Madrid. Ya se critican abiertamente los errores de Díaz en las primarias que perdió frente a Sánchez, derrota que sigue sin digerir la trianera. El mensaje, que se extiende a otras provincias como Huelva, Granada o Jaén, es que el susanismo ha muerto. O debe hacerlo.

Si a ello le añadimos que el gobierno del "cambio", o del "cambiazo" como le gusta decir al entono de la propia Díaz, no tiene pinta de sufrir un infarto político inminente debido al amarre de los presupuestos y a una gestión tímida pero no estridente y a veces eficaz – ni siquiera Susana Díaz ha logrado ponerlo contra las cuerdas por el caso de listeriosis a pesar de sus ataques inmisericordes -, no cabe esperar que el susanismo se recupere de esta dolencia que podría ser terminal.

Aunque no hay encuestas disponibles y fiables hasta este momento con proyección andaluza, no se espera una "resurrección" del PSOE andaluz que perdió ganando las elecciones de 2018 aunque la apuesta de Pedro Sánchez resulte perdedora. Es lo que hay.

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